Luces y sombras

El dinero sí tiene color

La relación de la Costa del Sol con los árabes ha estado marcada hasta ahora por el poder de sus billeteras

Arabia Saudí, con sus países satélites, ha decidido asfixiar a una de las monarquías del Golfo Pérsico: Catar, pequeño y rico país con el que ha roto relaciones diplomáticas. Oficialmente le acusa de alentar el terrorismo islamista. Otros expertos ven como trasfondo los escarceos con Irán, enemigo absoluto del reino de la península arábiga en la pugna por la dominación política y religiosa de ese eje geográfico, con el trasfondo de las etnias sunitas y chiítas, incomprensible desde nuestra óptica europea.

El hecho de que el presidente Trump se haya puesto inmediatamente a favor de Arabia al respaldar la acusación casi me invita de inmediato a no creérmela. Pero hasta cierto punto. No sé si vale como símil la famosa escena de Casablanca en la que el jefe de la Policía cierra el café de Rick: "Esto es un escándalo, he descubierto que aquí se juega", proclama el capitán Reanult mientras un empleado del local le entrega su parte de la recaudación. Arabia ha exportado el wahabismo, una corriente religiosa extremista de la que deriva el takfirismo que sirve de nutriente ideológico al llamado Estado Islámico. En Málaga, por cierto, Francisco de la Torre allanó todos los caminos para que Arabia pudiera promover una mezquita en Ingeniero de la Torre Acosta.

Catar es el país más occidentalizado. Competiciones deportivas internacionales como el Mundial de Fútbol, carreras de coches y motos y, sobre todo, la conversión de un desierto en un destino de lujo para los viajeros, plagado de rascacielos con las firmas de los arquitectos más acreditados del mundo. Una apuesta multimillonaria por el turismo de lujo como alternativa a su riqueza tradicional por las bolsas de gas. El turismo necesita como primer mandamiento seguridad para sus visitantes y desconozco el precio que se ha pagado para conseguirlo. Al rastrear la hemeroteca, el último atentado terrorista allí contra occidentales data de 2005.

El conflicto supone un problema para Europa, que de momento ha optado por situarse de perfil. La costumbre de abrir los brazos y no hacer preguntas. Si damos un vistazo a la Costa del Sol, Gadafi era un terrateniente. Cada verano damos brincos si los árabes regresan a Marbella. Al frente del Málaga figura un Al Thani, emparentado con la familia real catari. Algunos han extendido la alfombra roja al conocer que un grupo empresarial de ese país quiere levantar el rascacielos del Puerto. Supongo que ahora rezan para ver si pasa la tormenta. La relación de esta provincia con los árabes siempre la marcó el tamaño de sus billeteras. Solo hay que recordar a Adnan Kasogui, fallecido esta semana, adulado por sus fiestas, ignorado por su negocios con las armas. Pero el dinero tiene color.

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