Las dos orillas

Un ejemplo para el mundo

En la diferencia positiva de vacunados con otros países europeos influye que este rebaño es más obediente

De vez en cuando aparecen noticias (y no necesariamente son falsas) que invitan al optimismo. La prestigiosa revista The Lancet ha destacado que España podría estar ya muy cerca de alcanzar la inmunidad de rebaño frente al coronavirus. Mientras el Este de Europa (sobre todo Rusia, Rumania y los países bálticos) sufre una ola de muertes. Mientras en Francia, Alemania o el Reino Unido la tasa de contagiados es mayor que en España. Naturalmente, ha llamado la atención que uno de los países que empezó gestionándolo peor sea ahora uno de los mejores. ¿Qué ha pasado para el cambio de tendencia?

Hay razones científicas y sanitarias, que son las principales. España es, junto a Portugal e Islandia, el país con más porcentaje de vacunados de Europa. En algunas autonomías, entre ellas Andalucía, hemos superado el 80% de la población vacunada. En la diferencia positiva con otros países europeos influye que este rebaño es más obediente. Aquí se le dice a la gente: vamos a vacunarnos y casi todos nos vacunamos. ¿Se debe a que el poder manda y los de abajo obedecen sin rechistar? En parte, sí señor. Aunque también hay menos negacionismo de antivacunas que en otros países. Y aquí se pasó muy mal durante el confinamiento, que fue traumático. Prendió la idea de vacunarnos para salir de ese desastre.

Por otra parte, en la inmunidad de rebaño influye la tasa de contagiados. Es imposible saber cuántos han pasado la enfermedad en este país y cuántos se inmunizaron. Asimismo influye, tras superar el desabastecimiento inicial, que España es el país con más uso de la mascarilla en Europa. Todavía, sin ser obligatoria ya en la calle, muchas personas se la ponen como precaución. Es un acierto. En otros países se han usado menos y se han contagiado más.

Ha resultado decisiva la cogobernanza con las autonomías. Adaptar la realidad de la pandemia a cada lugar demuestra que el centralismo era peor. Cuando lo gestionaba Pedro Sánchez, teníamos cifras a la altura de Trump y Bolsonaro, con el entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa, que es licenciado en Filosofía. En Andalucía, con la cogobernanza, dependemos de un consejero de Salud, Jesús Aguirre, que es médico. Es un buen consejero, que da consejos y que dice las cosas claras, sin hacer filosofía pandémica, ni poner cara de asco, ni decir que la guerra ha terminado, como el caudillo Pedro dijo en junio de 2020.

El rebaño español lo ha pasado mal. Pero ya es la envidia del mundo no vacunado.

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