Los ejes malagueños de la nueva junta

El Metro no resolvería los atascos al PTA. Cada unidad puede transportar 220 viajeros y trabajan allí 20.000 operarios

El Guadalmedina, el tercer hospital y el Metro. Los tres proyectos sobre los que el PP quiere que pivote la acción de gobierno de la Junta en Málaga. Así lo dijo esta semana el consejero de Presidencia, Elías Bendodo. Ninguna de las nuevas infraestructuras estará lista durante el actual mandado. Eso sí, el nuevo Ejecutivo sí podrá, al menos, inaugurar la finalización de las dos líneas del suburbano, si todo va bien, veinte años después de que la consejera Concha Gutiérrez encargara el primer estudio informativo de lo que luego se ha convertido en una pesadilla y el peor ejemplo de gestión de una administración en las dos últimas décadas.

El presidente Moreno Bonilla aceptó como candidato paralizar el tranvía en superficie al hospital Civil, tal como le pedía el alcalde de Málaga, temeroso de que unas decenas de vecinos pudieran hacer ruido y quitarle votos en las próximas elecciones municipales. Ahora se da la paradoja de que ha primado proteger la doble fila en algunas calles y el aparque donde pueda en la barriada antes que la necesidad de un transporte público potente en una zona donde también se levantará el tercer hospital que cuesta más de 200 millones. Porque la alternativa del Metro subterráneo, con su elevado coste, resulta inviable a medio plazo.

A cambio, ahora se plantea prolongar el suburbano al Parque Tecnológico. Una decisión que ni siquiera es determinante para atacar los problemas de movilidad de la tecnópolis. Por Málaga circula un metro ligero que mueve unos 220 pasajeros por unidad. El recinto tecnológico cuenta con 20.000 trabajadores y sus responsables creen que pueden duplicar los empleados en unos años. El PTA sufre unas horas punta en la entrada y las salidas que la prolongación del transporte no podrá atajar. Sólo hay que dividir para calcular cuántos metros se necesitarían para atender la demanda. Sin contar que durante ese tiempo no se podría recoger ni un sólo pasajero en el trayecto de la universidad y el hospital Clínico. Pero estaremos entretenidos los próximos cuatro años.

La historia del Guadalmedina y qué hacer con el cauce en su desembocadura en la capital, data de siglos. Celia Villalobos incluso anunció un cajón embovedado para que transitaran coches y, también, un metro. Era en 1999. El arquitecto José Seguí ganó un concurso menos agresivo, que coronaba con un gran hotel, que finalmente se lo ha llevado al puerto. La idea ganadora no se quiere ejecutar. Esconder el río en algunos tramos, más puentes... "No será barato, pero tampoco inabordable", confesaba el alcalde Francisco de la Torre en noviembre del año pasado sobre el proyecto. A los ejes le faltan muchas vueltas.

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