Aquí también hay emergencias

Desempleo, pobreza, marginalidad, drogas, extorsiones, ocupación y ventas ilegales de viviendas... Más de 15 años no han servido para transformar el Polígono Sur, que ha vuelto a ser el barrio más pobre de España después Los Pajaritos le arrebatara este triste puesto. Lo publicábamos el domingo. ¿Un problema y un drama sin solución? Actúan las autoridades, sin ningún éxito, y con mejores resultados en casos individuales y familiares lo hacen entidades de diverso signo, muchas agrupadas en la Plataforma Nosotros También Somos Sevilla. Pero en conjunto todo sigue igual. Compárese lo que este domingo se escribía en nuestro periódico con lo que decía en 2009 la portavoz de esta Plataforma sobre los más graves problemas del barrio: "La convivencia vecinal, las drogas, las armas, en general la falta de seguridad. El problema tiene una dimensión humana y urbana en todos sus ámbitos… El barrio está cada vez está más deteriorado".

¿Cómo actuar en los guetos urbanos y los colectivos marginados y/o automarginados? Las intervenciones duras han fracasado en las dictaduras y las democracias. Trágico ejemplo de lo primero fue el "modelo autoritario de integración" puesto en marcha por los regímenes comunistas para "asimilar" a distintos colectivos. Es el caso de los gitanos, a quienes se les impuso un dispositivo represivo de asimilación consistente en dispersión y reasentamiento, escolarización obligatoria, prohibición del nomadismo, empleo forzoso con el más bajo nivel de calificación en granjas y fábricas. Los resultados fueron dramáticos además de desastrosos. En el polo opuesto, en la tan democrática Suecia, recientemente se desveló que desde 1900 a 1970 el Instituto para Biología Racial y la Comisión para la Salud y el Bienestar esterilizó, obligó a abortar y separó a los niños de sus familias para ponerlos bajo tutela estatal por considerar a los gitanos "incapacitados sociales". Entre 1934 y 1974 el Estado sueco impuso a las mujeres gitanas la esterilización en "interés de las políticas de población". Una de cada cuatro familias sufrió algún caso de aborto forzoso y esterilización.

Aquí, afortunadamente, no se van a dar estas brutales soluciones totalitarias o "civilizadas". Pero el problema está ahí. Urge que Gobierno, Junta y Ayuntamiento aborden lo que es -ya que se utiliza tanto esta expresión para los migrantes- una emergencia social, si no humanitaria.

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