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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

De espaldas a las estrellas

Entre otras cosas, la investidura nos ha distraído de las estrellas de la Navidad, pero no del todo

Sánchez nos ha echado su investidura por la chimenea, colándonos una crisis de identidad nacional, como si estuviésemos en el XIX. Naturalmente, me ha alterado el plan de artículos de toda la semana, y ojalá sólo fuese esto. Por lo pronto, la columna que tenía apuntada para empezar el año se me pasó.

Aunque gracias a los Reyes, estamos a tiempo de remediarlo. Un amigo me contó esta historieta edificante. Hete aquí que un viejo está sentado en un poyete a la entrada de su pueblo. Llega un forastero con maletas que viene a instalarse y le pregunta cómo son los vecinos. El anciano, que a lo mejor era gallego, le pregunta a su vez: "¿Y los de su pueblo?". Contesta: "Uf, fatal. Egoístas, ambiciosos, maledicentes, torpes, vagos y desconfiados. Qué alivio haberme largado". "Vaya, pues aquí son igual". A los pocos días, aparece otro forastero que le hace idéntica pregunta y recibe la misma réplica. Pero éste contesta: "Oh, los vecinos que dejé en mi pueblo eran estupendos, generosos, alegres, educados, listos, trabajadores y confiables. Qué pena haberme tenido que marchar". "No se preocupe, hombre, que aquí son muy parecidos", le animó entonces el viejo del poyete. Una vecina que había oído ambas contestaciones pidió explicaciones al viejo, que esta vez las dio: "La gente encuentra lo que lleva dentro".

Quizá ya conocían la historia, pero no me negarán que se aplica muy bien al año que entra. ¿Cómo fue su 2019, eh? Pues ya sabe cómo va a ser el 2020. Pero lejos de mí un fatalismo irremediable, no se asusten. El futuro no está escrito en las estrellas, sobre todo si las mirásemos más. Si el año pasado no fue bien, lo bueno es saberlo, para no hacerlo todo igual.

Para cambiar, empecemos, precisamente, por no vivir de espaldas a las estrellas. El profesor universitario John Senior sacaba a sus alumnos al campo a mirarlas en silencio, y ya estaba la clase dada, y una de las más importantes del curso. Pocas lecciones más inolvidables, confesaban sus antiguos alumnos muchos años después. Es la misma que nos dieron los Reyes Magos: un regalo de Reyes secreto y por adelantado. Ellos vinieron mirando y siguiendo una estrella… y fíjense qué de regalos nos han dejado por eso. A pesar de los muy áridos caminos que recorrer, del frío, de las trampas y traiciones, de los taimados Herodes mentirosos, alcemos la mirada: no miremos sólo el suelo. Es un propósito tan alto como facilito.

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