DÍA duro ayer para el alcalde de Mijas, Antonio Sánchez, una vez que fue oficial la noticia que él ya había comunicado a su partido desde hacía unas fechas: su decisión de no presentarse como candidato del PSOE al Ayuntamiento por prescripción médica, debido a sus problemas de corazón. Sánchez recibió ayer numerosas llamadas y era fácil adivinar su emoción por el complicado momento. Pero demostró su talante y su ética política. Algunos en su partido habían sondeado la posibilidad de que ocultara su afección hasta después de celebrados los comicios de mayo, conscientes de que el regidor tenía más tirón popular que su sustituta. Y Mijas es el gran bastión electoral de los socialistas en la Costa del Sol occidental. Sánchez rechazó esa posibilidad de figurar al frente de la candidatura, ganar si así lo hubieran decidido los ciudadanos y luego darle el relevo a su elegida, la concejal de Turismo, Fuensanta Lima. Entendía que ese comportamiento supondría un fraude al electorado y el asunto no fue a mayores. Y desde luego así hubiera sido. Ahora, más que a despedirse en estos meses de la Alcaldía, se ha propuesto como primer objetivo lanzar políticamente a su heredera.

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