Luces y sombras

La ética tenía un precio

La perversión más importante es la de las formaciones a las que sólo les importa conservar o alcanzar el poder

Casi tres meses ha tardado el portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Málaga en presentar una propuesta para "luchar contra la corrupción, por lealtad a Málaga, para conseguir la regeneración política", según expresó él mismo en el Pleno del pasado jueves. Es cierto que San Pablo necesitó más tiempo para su conversión que Daniel Pérez en hallar culpable de transfuguismo al ex concejal de Ciudadanos Juan Cassá. Pero la política ya se ha demostrado que no es cuestión de fe sino del precio que se acepte asumir.

Durante ese periodo de larga meditación, Pérez sucumbió a las tentaciones de soñar con una moción de censura que le apartara de una vez el cáliz de Francisco de la Torre. Hasta que Elías Bendodo descendió de los cielos de San Telmo para ocuparse de estas cuitas de los mortales y formalizó una oferta irrechazable a Cassá, por la éste que promete votar de por vida al PP de la provincia y al propio De la Torre si fuera menester. Seguro que por convicción.

Así que Pérez regresó de su desierto, consciente de que Cassá sólo fue un espejismo y ahora enarbola la bandera de la ética contra él. El socialista aún conserva su baza. Un voto le daría ese sillón en la Casona del Parque. El mismo que conserva Noelia Losada, la solitaria concejal de Ciudadanos que integra un gobierno de coalición con el PP que depende, a su vez, del respaldo de Cassá para sumar la mayoría absoluta.

Soy de la opinión que se debe ser más benévolo en el juicio a la oposición que al gobierno. Pero, en este caso, encuentro similar cinismo en unos que en otros. A los que le han ofertado "30 euros netos más al mes" (en palabras del aludido) a Cassá para convencerlo de que no escuche las ofertas del PSOE y en los socialistas que ahora se rajan las vestiduras. La Constitución ampara el derecho de Cassá a ejercer como no adscrito. El acta que representa es personal aunque es falso. La consiguió gracias a su partido. Y una norma que pretende proteger la labor de un concejal o un diputado, para que prevalezcan los intereses de los electores por encima de los de la propia formación en la que concurren, finalmente en casos como el que nos ocupa muestra su lado perverso. Pero no tanto el del sujeto. Al fin y al cabo la debilidad humana forma parte de la naturaleza del hombre, sino el de las formaciones políticas a las que sólo importa conservar o alcanzar el poder, lo pagan con el dinero de las instituciones, y dejan los escrúpulos para los contrarios. Ha sido el PP quien tiene el honor momentáneo de llevarse este gato al agua. Pero el largo silencio del PSOE, mientras cortejaba en privado al tránsfuga, nubla la honestidad de la que ahora presume.

Pero lo más lamentable es que algún desalmado se crea con derecho a impartir con fuego su propia justicia. Ojalá no. Pero si fuera así, no cabe ningún perdón.

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