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Los exhumantes

Franco estaba bien donde estaba y el Valle de los Caídos, en todo este tiempo, ha cumplido una función apta

Mañana es el día señalado para la exhumación de los restos de Franco y su traslado al cementerio de Mingorrubio, tratado desde el Gobierno como una victoria moral de los vencidos, aunque visto los semblantes serios de los que merodean por Moncloa, diríase más bien que la misma ha devenido en una victoria pírrica de las que no afectan mucho a la clasificación. Las predicciones soleadas del compañero Tezanos han quedado pronto obsoletas, y tras lo que está cayendo (literalmente) en Cataluña, el panorama electoral más bien apunta a borrasca.

Aunque mis nostalgias tienen poca relación con el franquismo y en asuntos de Derecho suelo darle más credibilidad al criterio del Tribunal Supremo que a lo que pueda decir un abad de pueblo, me posiciono en contra de la decisión gubernamental, por mucho apoyo judicial y parlamentario que ésta tenga. En contra de su parecer, creo que Franco estaba bien donde estaba, y que el Valle de los Caídos en todo este tiempo (después ya veremos) ha cumplido una función apta para todos los públicos y sensibilidades: lugar de culto para los (pocos) nostálgicos que siguen quedando, muy a pesar de la corriente pensadora dominante; edificio siniestro, prototipo de memorial fascistoide, para sus (no muchos más) recalcitrantes detractores; y conjunto monumental pretencioso, inofensivo y un poco kitsch para la mayoría, entre los que me encuentro.

Pero lo malo no es, me temo, la decisión del traslado en sí que, pese a la descarada carga electoralista, incluso puede tener su lógica democrática. Lo peor es lo que pueda venir después. Ahora son los restos del dictador, pero mañana será la enorme cruz que se pierde entre el paisaje de Guadarrama, y después la resignificación (horroroso e inquietante nombre) del conjunto para convertirlo "en un centro de verdad y memoria" (sic), y así sucesivamente. Cualquier cosa para mantener viva la llama de la discordia sobre hechos que sucedieron hace más de ochenta años.

Si lo que se pretende es, como se airea, la reconciliación entre españoles, lo deseable sería evitar situaciones que más que conseguirla la eviten, poniendo todo el empeño en darle digna sepultura a los muchos que todavía siguen enterrados en las cunetas, que es en realidad la tarea pendiente a realizar por la sociedad española. Todo lo que no sea eso supone agravar un problema que hace años deberíamos tener más que solventado.

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