La ganadora lo pierde todo

Anuncié hace meses, y por ahí está escrito, que Susana Díaz era un cadáver viviente, estaba muerta y no lo sabía. La ganadora lo ha perdido todo, primero la secretaría nacional del PSOE y después el poder en Andalucía. Tras las primarias y las secundarias, va a por las terciarias: la extinción de la credibilidad que nunca tuvo. Zapateó por sevillanas sobre el vientre del actual presidente del Gobierno, le conminó a que siguiera la senda de Zapatero y González y se esfumara tras un fracaso electoral y aseguró que es lo que ella haría si no lograba remontar los resultados en la Comunidad. La entonces emperatriz del Sur llegó a creerse la propaganda que costeaba con dinero público, oyó los cuentos de los pelotas a sueldo y perdió cualquier noción de su verdadera valía frente al espejo distorsionado de Canal Sur. Ahora parece un personaje salido de un programa de Juan Imedio y ha descubierto que la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana. La gente no calla cuando habla, sus chistes han perdido gracia y muchos de quienes antes acudían prestos a su vera, "como la sangre a la herida, sin que nadie la llame", se apresuran a cambiar de acera cuando la ven venir para que nadie los identifique con ella.

Aún así, vive presa de un poderoso sentido de irrealidad. Lo demostró con el mensaje de Navidad, innecesario y pomposo como el del jefe de un minúsculo reino de taifas. Más que un discurso de felicitación y despedida, aquello pareció el compendio programático de la ilusoria candidata a la Presidencia de la Junta en las elecciones del 2022. Susana tiene que marchar o pasar a un tercer plano. Si no lo hace, si ella no se va, se irá el partido: el PSOE andaluz perderá cualquier posibilidad de regeneración y de volver a ganar con suficiencia en los próximos lustros. El drama es que no hay donde ir, ha pasado toda la vida corriendo desde su casa al partido y desde el partido a su casa, no ha trabajado jamás fuera de una firma que no sea el Partido Socialista, sus recursos intelectuales son escasos y ha sido, con enorme diferencia, la dirigente de menor nivel de Andalucía pese a toda la farfolla publicitaria pagada con el presupuesto de la Junta. El PSOE es su domicilio y su empresa. Y, en tiempo de crisis y lucha por el pan, como en la casa de uno no se está en ningún sitio.

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