Postales desde el filo

La guerra de los Roses

Desde hace algunos años celebramos el aniversario de la Constitución hablando de la necesidad de cambiarla

El procés catalán ha sido desde sus inicios, como el Brexit, una fábrica de mentiras. Decían que independizarse del Estado español era como un divorcio en el que uno de los dos, cansado de la relación, decide separarse. De problemas matrimoniales han pasado a hablar de sangre y fuego: Macedonia, Kósovo y finales dramáticos. El problema del nacional populismo no es tanto la fabricación de mentiras como que tanta gente esté dispuesta a creérselas. Si la cuestión catalana se pudiera comparar con un divorcio sería el de La guerra de los rose.

Donde no hay divorcio, pero sí división, es en el PSOE. El problema no es ideológico o estratégico, ahora se dividen entre los que creen que Susana Díaz y su gobierno son los únicos responsables de la debacle andaluza y quienes culpan de lo ocurrido a Pedro Sánchez y sus malas compañías. Lo malo es que todos tienen razón. Ni Susana vio lo que tenía ante sus ojos, ni Pedro que su estrategia de diálogo, de hacer política en Cataluña, de no conseguir resultados visibles e inmediatos corría el grave riesgo de tener consecuencias letales para su partido en el resto de España. Una estrategia tan valiente como arriesgada ya que ponía en manos de sus enfurecidos enemigos políticos y mediáticos un arma poderosa. Fue un error atribuir la misma responsabilidad al gobierno de Rajoy que al de Puigdemont en lo ocurrido el pasado año en Cataluña. No era cierto y ahora lo sabe. Por muchos que fueran los errores del gobierno central, la mayor responsabilidad sólo podía recaer en quienes crearon el problema rompiendo con el orden constitucional. Sánchez debió entender que la vía política quedó invalidad tras los graves acontecimientos de septiembre y octubre de 2017: a partir de ahí la situación degeneró en ese tipo de crisis definida como una "situación histórica en la que se enfrentan principios incompatibles". Por otra parte, los ataques del secesionismo a la democracia y a España no sólo enfurecían a los votantes de "las derechas", también se sintieron ofendidos muchos electores socialistas con sentimientos propios de un nacionalismo cívico y constitucional. La incapacidad de Zapatero para entender la profundidad de la gran crisis económica de 2008 facilitó la mayoría absoluta del PP en 2011. Espero que los dirigentes socialistas sepan ahora asumir sus responsabilidades y comprender la verdadera dimensión de lo ocurrido en las recientes elecciones andaluzas del 2D.

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