La historia perdonada

El presidente de México acaba de hacerle un gran favor a la excitada y patriótica derecha española

López Obrador, presidente de México, acaba de hacerle un gran favor a la excitada y patriótica derecha española. No me dirán que no es un magnífico regalo que, en el fragor de una campaña electoral, el nombre de España sea utilizado de forma injusta y torticera por algún mandatario extranjero. Y si, además, ese ataque se dirige contra el buen nombre de la gesta imperial española en América, la acción se convierte en un obsequio impagable. Así lo entendieron los dirigentes de Vox, PP y C's, que no tardaron en lanzar cuantos ataques pudieron para dejar clara su indignación ante tamaño despropósito. En una emulación de condenas, las expresiones de intolerable afrenta, inadmisible injuria, vergonzosa ignorancia fueron los argumentos que más éxito obtuvieron. Para redondear la operación y sacarle el mayor jugo posible al regalo era necesario buscar alguna vertiente que pudiera poner en entredicho la postura del partido socialista. Difícil misión, porque el Gobierno, desde el primer momento, se posicionó contra la petición de perdón histórico que solicitaba el dirigente mexicano. No obstante, siempre se pudo criticar la tibieza gubernamental y el escaso ardor de la condena porque procedía de un peligroso izquierdista amigo del presidente Sánchez.

Ni un minuto para la duda ni un espacio para los matices. Nada importa que la acción española en América, desde Bartolomé de las Casas hasta nuestros días, haya cosechado además de reconocimientos, críticas y condenas, porque es evidente que existieron abusos, matanzas y explotaciones de las que no hay porqué sentirse orgulloso. Pero el momento electoral no permite ninguna veleidad y, salvo el verso suelto de Podemos, todo el mundo, con más o menos ardor patrio, se alineó con la defensa de nuestra historia sin fisuras. Lo cierto es que esta extemporánea y sorprendente petición de perdón por parte del Estado mexicano no deja de encerrar una trampa insalvable. Si tratamos de examinar nuestro pasado con los criterios y principios éticos actuales difícilmente cualquier episodio pretérito aprobaría. Estaríamos, por tanto, condenados a pedir perdón por la mayoría de hechos históricos que contuvieron guerras, imposiciones, invasiones y conquistas. Sería, pues, toda la humanidad la que debería pedir perdón por su propia historia. Aunque es cierto que un talante menos triunfalista y más autocrítico de algunos pasajes históricos no nos vendría mal. Pero, claro, no en periodo electoral.

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