Luces y sombras

Lo invisible

Una encuesta desvela que un 15% de los preguntados en Andalucia pensó en el suicidio durante los meses del Covid

El virus nos ha dejado tocados. El Centro de Estudios Andaluces (CENTRA) acaba de publicar un estudio sobre sobre el impacto psicológico que ha causado la pandemia en la población. Y la mayoría confiesa un mayor malestar en ese terreno. Málaga es una de las provincias más afectadas de la comunidad. El Covid se propagó al inicio con suma facilidad y dejó un reguero de infecciones y muertes con rapidez. Los niveles de estrés, ansiedad y depresión fueron superiores, detalla el estudio del CENTRA. Durante las diferentes olas, también los investigadores han constatado un miedo mayor a terminar contagiado. Y eso que la media andaluza estima que ese temor se produjo en más de un 82% de los 3.600 encuestados de la región.

El trabajo, sin especificar ya zonas territoriales, aborda el deterioro en las relaciones de pareja y advierte de un problema que durante muchos años ha permanecido oculto, incluso a propósito. Ahora cada vez se asoma más a la actualidad, pero lo hace con timidez. Una vez que se ha comprobado que invisibilizar el problema no sirve para nada: el suicidio.

Más de un 15% de la muestra pensó en acabar con sus días y un 1,1% realizó algún intento. Aunque los autores de la encuesta recogen que el riesgo suicida aumenta con la edad, sobre todo en la franja a partir de los 75 años, también destacan que "resulta muy llamativo y preocupante que las tasas de personas jóvenes sean también elevadas".

A principios de la década de los 80 del siglo pasado era habitual que los medios ofreciésemos informaciones sobre suicidios. En alguna ciudad del interior casi se convirtió en un rito la llegada semanal en ferrocarril de algún viajero que minutos después de salir de la estación se enfrentaba al vacío. Pero la solución no era suprimir el tren, como creímos durante tres décadas. Si publicabas la historia corrías el riesgo de favorecer un efecto llamada. Suicidas potenciales animados por la notoriedad alcanzada por los suicidas reales. Incluso el relato podía crear una envoltura romántica a la muerte, casi como en la literatura de principios de siglo XIX. Así que la drástica solución fue ignorar los hechos. Hoy, el suicidio es la primera causa de muerte no natural en España.

Cuando los protagonistas son jóvenes o adolescentes, el drama es extremo. Pueden llevar una existencia de aparente normalidad, sin señales de la marejada que devora su interior. En los episodios que se suceden, el sentimiento de culpabilidad de los padres o de la familia es inhumano. Y la reacción natural suele ser negar la causa y buscar un salvavidas con el que recuperar el sosiego. Algo se avanza. Pero permanece lo invisible.

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