Mar de fondo

La izquierda de Ikea

Todas reclaman ser la izquierda verdadera y todas acusan a las otras de crear gobiernos de derechas

En España el enemigo fundamental de cualquier facción de la izquierda siempre ha sido otra facción de la izquierda. Es una enfermedad infantil que curiosamente se agrava con los años, quizá porque en la izquierda gusta más recorrer el tiempo hacia atrás que hacia delante. Sea como sea, siempre encuentran una fabulosa excusa para conseguir que gobierne la derecha, y que sea culpa de las otras facciones. Todas reclaman ser la izquierda verdadera, y todas acusan a las otras facciones de provocar gobiernos de derechas. Y desde luego todas tienen razón, en lo segundo. Desde el 2015 han tenido varias oportunidades de gobernar ellos, y han conseguido, no sin un titánico esfuerzo, que gobierne siempre la derecha. Las excusas han sido de los más peregrinas, y no voy a insultar su inteligencia enumerándolas, pero el despliegue de inventiva en ocasiones ha sido simplemente colosal, a la altura del tremendo estupor provocado en el votante de izquierdas. Y quizá ahí esté el mayor daño de esta pueril exhibición de pataletas, el desencanto que producen en su votante, la constatación del hecho indiscutible de que si la izquierda está fragmentada, votar a cualquiera de los fragmentos resulta del todo inútil. Se han convertido en algo así como un mueble de Ikea, las piezas sueltas no te sirven de nada, pero armarlas es del todo imposible.

De hecho, el gran empeño de esta izquierda parece que es ignorar el principal anhelo de sus votantes, que no es otro que tener un gobierno de izquierdas. Ningún otro logro le hará sombra a este, y ninguna excusa justificará que no se materialice siendo posible, especialmente si la excusa es de lo más ridícula. Einstein decía que si no puedes explicárselo a tu abuela es que es mentira, y mi abuela, desde luego, ya les habría dado un buen sopapo a ambos, por cuentistas. Y es importante subrayar eso, a ambos, porque los dos, PSOE y Podemos, tienen exactamente la misma culpa en esto, y ambos además por exactamente las mismas razones, unas desaforadas ambiciones personales. Ambos se creen muy hábiles y muy listos, pero lo único que han conseguido es que el votante de izquierdas se sienta traicionado ya demasiadas veces, y que, ante una nueva oportunidad como esta, la única esperanza que albergue es que esta vez al menos la excusa no sea del todo infantil y grotesca.

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