Mar de fondo

julián Molina

La justa importancia

CONFORME llega el calor y el verano, la actualidad se va poniendo rancia más y más deprisa. Las portadas se marchitan, y duran cada vez menos a medida que duran más los días y las sobremesas. Y quizá sea porque no dicen nada importante, al fin y al cabo. Málaga sobrevivirá mal que bien a De la Torre, y a la ausencia de De la Torre. A Bendodo. A María Gámez. A Conejo. Al Pompidou. A todos, tras sus minutos de gloria. Y es que si algo momentáneamente tan importante se vuelve tan rápidamente irrelevante, quizá sea porque realmente nunca lo fue. Hace menos de un mes la investidura de Susana acaparaba todas las portadas, y ahora se pudre en un triste recuadro, para, al final, no dejar quizá más recuerdo que una mala tarde de Curro Romero.

Y seguro que es cierto que nuestra vida y nuestro futuro está en sus manos, y las de Draghi, y las de Rajoy, y las de Montoro, y las de Merkel. Hoy mismo, a esta hora, como todos los días a todas las horas, sucede algo terriblemente importante para todos que merece su completa atención, pero quizá realmente no tanta como para que no se tumbe uno "a la sombra de una barca a soñar con la alegría". Y puede que también sea eso la regeneración, darle a cada cosa su justa importancia, no comprar todo el ruido que nos venden, para que podamos prestar algo de atención a lo poco que de verdad importe. Explotar la burbuja de la política, aligerar la actualidad para que no sea tan fatigosamente interminable, a pesar de no durar ya apenas ni un día. Cuando todo es importante, nada es importante. El nuevo hotel del puerto. La noria. Las negociaciones para ver quién se queda la Diputación. Las condiciones de Ciudadanos para el Ayuntamiento. Qué dijo exactamente Cassá. Qué pobre diablo se queda sin su cargo. El posible cuatripartito en Marbella. La pitada. Rajoy. Aguirre. Una lista inabarcable de controversias, un chapapote informativo que se te cuela pegajoso en el paseo por el rebalaje, en las sobremesas, en la bahía, en los atardeceres, en los baños, en los amigos.

¿Y cuánto de todo esto es de verdad importante? La política tiene la importancia que tiene, pero no más. Y ese ritmo desquiciado y voraz que ha tomado ha pervertido y envenenado la actualidad hasta hacer que no sea ya en absoluto importante y, lo que es mucho peor, ni siquiera interesante.

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