La línea continua

Lo que genera la postura de la administración andaluza es la sensación de que falta racionalidad

Recuerdo que hace años me contaron que las policías de Mijas y Fuengirola tenían acordado un protocolo para determinar cuál debía hacerse cargo de los accidentes de tráfico que se producen en aquellas calles en las que comparten calzada. Ignoro si es verdad, pero confieso que me pareció fascinante que hubieran llegado a un acuerdo sobre el punto del coche desde el que debían medir la distancia a las fachadas de sus respectivas aceras para decidir a quién le tocaba la china, a esa hora maldita en que los bares apunto están de cerrar. La necesidad tiene un pincho y ellos no son culpables de que la Costa del Sol sea una conurbación en la que en muchas ocasiones tienes que ver un cartel para saber que te has pasado de pueblo. Como tampoco lo son los vecinos de los dos municipios, a los que una línea administrativa les ha separado en estos tiempos de pandemia. El crecimiento urbanístico iniciado en la década de los sesenta ha dado lugar a un continuo urbano que ha difuminado los límites de unos municipios que en muchas ocasiones numerosos responsables políticos parecen empeñados en defender como si se tratase de sus antiguas murallas. La propuesta que hicieron hace unos días los alcaldes de ambas localidades para que se permita el tránsito entre ambas no carece de sentido y su circunscripción al núcleo de Las Lagunas la hace fácilmente gestionable, pero la respuesta de la Junta ha sido que, en estos casos, prevalece su condición de municipios diferentes. Igual que en el siglo XIX, aunque a la postre se traduzca en nada. El ayuntamiento de Mijas ha anunciado que realizará una "aplicación comprensiva de la norma", la Junta no tiene policía para vigilar que una vecina de Fuengirola cruce a la calle para comprar el pan, y la Policía Nacional y la Guardia Civil ya tienen bastante con bregar con los anormales que van por ahí montando fiestas de "influencers" por amor al arte. ¿En nada? Tampoco. Lo que genera la postura de la administración andaluza es la sensación de que falta racionalidad en las medidas que se toman frente a una situación que a todos se nos escapa de las manos. Y el problema de esta sensación es que provoca cansancio y el relajamiento involuntario de las precauciones que debemos tomar. A veces las cosas son más fáciles de lo que parece. Si no lo saben, pueden preguntar a un policía, y en el peor de los casos, pintar una línea continua. Pero en un sitio lógico.

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