La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Las manos... ¡qué peligro!

Cuando Jaspers reprochó a Heidegger su admiración por Hitler, le respondió: "Mira sus maravillosas manos"

Lo peor de las fotografías propagandísticas de Sánchez son los comentarios que las acompañan. Desvelan la operación milimetrada de construcción de la imagen de un líder a través de tácticas probadas desde hace muchos años por los propagandistas democráticos y, lo que es más desasosegante, por los constructores del culto a la personalidad de jerarcas totalitarios. Las fotografías del presidente haciendo deporte en los jardines de la Moncloa se comentaban así: "Tras su carrera matinal, Sánchez Castejón prepara una importante semana de trabajo con su equipo". Nada nuevo. Cosa de los tiempos tontos de telepolítica, como las flexiones y tabletas de Aznar o las carreritas de Rajoy.

Tras ellas vinieron las fotos directamente copiadas, gafas de sol incluidas, de las que Jacques Lowe -el constructor de la imagen fotográfica de JFK- hizo a Kennedy en el Air Force One. El texto que las acompañaba decía: "Sánchez Castejón vuela a la cumbre de Bruselas a defender la Europa de los derechos sociales y luchar contra la xenofobia". Se pasaba de Aznar y Rajoy a la imitación de uno de los iconos democráticos del siglo XX. Con un toque Marvel.Lo peor, de momento, ha sido el montaje de las manos del presidente acompañada por este texto: "Las manos del presidente marcan la determinación del Gobierno". Es una transición de la creación de la imagen de Kennedy por Lowe a -no se sorprendan- la de Hitler por Heinrich Hoffman, que lo retrató de 1923 a 1944 enfatizando sus manos; lo mismo hizo Leni Riefenstahl en El triunfo de la voluntad, dedicando planos detalle a las manos del dictador. Nada era casual. Hitler ensayaba su elaborada gesticulación ante un espejo dando gran importancia a la expresividad de sus manos. Cuando un desolado Jaspers le preguntó a su admirado Heidegger cómo era posible que se afiliara al partido nazi, apoyara la persecución de los judíos y admirara a un tipo tan grosero e inculto como Hitler, Heidegger le respondió: "La cultura no importa. Mira sus maravillosas manos". Y no se olvide la Oda a Stalin de Neruda: "Nacieron de sus manos cereales, tractores, enseñanzas, caminos".

Tras estos precedentes lo de "las manos del presidente marcan la determinación del Gobierno" choca. No porque sean de temer tentaciones totalitarias, sino por la grosera torpeza con que se está pasando de la frívola fabricación de un líder al culto a la personalidad.

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