Luces y sombras

antonio / méndez

Lo mejor de cada casa

LAS campañas electorales sacan lo mejor de cada casa. Y ya estamos inmersos en la del 25 M. Desgraciadamente en la cultura partidista de este país y con las conclusiones a las que llegaron los expertos en esta ciencia de la politología, el único plan que resulta exitoso para vencer es laminar al adversario a cualquier precio. Si luego hay que administrar un paisaje devastado y sin posibilidad de rehabilitación, es lo de menos.

Los triunfos electorales no llegan porque se entusiasme a los votantes con protestas que despierten la ilusión o líderes capaz de ganarse la credibilidad ante el ciudadano. Los relevos en el poder son solamente fruto del desgaste que sufren los gobiernos, hasta que con el hastío se fuerza. La izquierda en España, tras seis años de crisis, ha sido incapaz de hallar y probar la solidez de un camino por el que transitar hacia una alternativa fiable. Suena a risa cuando algunos se atreven a poner de ejemplo Andalucía. La derecha ha invocado el mantra de las reformas. El resultado es una pérdida de derechos sociales y laborales que nos retrotraen al primer tercio del siglo XX.

En el horizonte aparecen las elecciones europeas. Que esta vez los dos grandes partidos quieren tomarse en serio para su pugilato particular. No porque realmente crean que el pueblo ha visto la luz y sabe que donde realmente se juegan los cuartos de su futuro es en el territorio que actualmente explota a su antojo la señora Merkel. Así que hay que aplicar la medicina: dosis de corrupción y sus sucedáneos y arremeter contra la gestión del contrario.

Cada cual intenta aportar su granito de arena al propósito general. En Marbella, el socialista José Bernal ha encontrado un filón en la Gürtel y el patrimonio de la alcaldesa. Sobre lo primero, debería pedirle al PSOE que lo presente de candidato por Estepona. Sus pesquisas serían fáciles, aunque también toparía con otras tramas más cercanas. El presidente del PP, Elías Bendodo, tiene un problema. Si saca a pasear a algunos de sus relevantes puntales, cuyo único mérito es la amistad con el jefe, los ataques resultan romos. El gran titular que resaltó el partido tras la cumbre de sanidad de la consejera de Salud en Málaga fue preguntarse si la Junta culparía de los problemas a los profesionales sanitarios. El protagonista de la ocurrencia es el ideólogo del escrache, Fran Oblaré. La pobreza intelectual de la política malagueña resulta descorazonadora.

Mientras, el alcalde de Málaga juega su propia campaña. Prepara sus elecciones para el verano. En la urna sólo entrará su voto, pero quiere la mayoría absoluta. Y como marca el canon de los alcaldes ante la cita toca inaugurar. Da lo mismo que ni siquiera las obras estén terminadas.

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