La muerte por convenio

Desconozco si entre las mejoras reconocidas están el ejercicio de psicólogos y de atemperar la desesperación

Queda poco apropiado escribir de difuntos justo el día de los enamorados. Aunque no hay cariño más eterno que el que se profesa al que se ha marchado. Los afectos presentes siempre hay que contextualizarlos en el momento, porque corren el riesgo de transformarse con el tiempo en otros sentimientos que no merecen celebración. La muerte también se mide en precio porque supone un buen negocio. Dos años ha pasado el sector de las funerarias en Málaga sin un nuevo convenio colectivo provincial. La pandemia ha obrado el milagro y el sindicato Comisiones Obreras ha anunciado su firma esta semana. Queda asegurado en adelante un último viaje sin sobresaltos laborales.

En un momento tan boyante como el presente, sólo el pasado mes de enero un 41% más de fallecidos que hace un año, no era cuestión de seguir demorando las discusiones. Las que estarán menos satisfechas serán las compañías de seguro de decesos, que igual invierten los beneficios de años pasados en farmacéuticas para que corten cuanto antes esta sangría. Aunque hasta ahora con la selección natural de víctimas las pólizas están más que amortizadas.

Sólo el pasado mes de enero, de los 1.634 muertos contabilizados en Málaga, el 19% eran personas de más de 90 años, un 20% con edades que oscilaban entre 85 y 89 y un 40% de entre 74 a 84 años. Claro que hay que añadirle una pequeña salvedad. En circunstancias normales, sin este Covid que nos diezma y nos confina física y mentalmente, 425 de ellas es muy posible que siguieran hoy con nosotros.

El pacto de las funerarias no especifica cantidades. Divulgar los sueldos está mal visto y menos en temporada de liquidaciones. Los sindicatos se felicitan porque se les reconocen a los empleados las funciones que realizan. Incluidos a los que trabajan en los cementerios. Desconozco si entre esas mejoras figura un plus por actuar de psicólogos y otro por atemperar la desesperación familiar que han afrontado ante el insuperable rastro de dolor que está dejando el virus. Han presenciado en primera línea el shock de unos deudos que, en los casos de Covid, ni siquiera han podido vestir como despedida a los finados, introducidos en el ataúd en una bolsa prensada por el protocolo anticontagio.

Ellos han sido en numerosas ocasiones el muro de la lamentación final, los destinatarios de preguntas sin respuesta ante las que sólo podían exhibir comprensión. Su aumento de sueldo es más que merecido. Ahora que se anuncian cepas británicas y contagios explosivos en las próximas semanas, en el día del amor y el de la santificación de los bares, tras diez días de duelo, mejor será recordar lo fácil que te pone la vida para que te quieran, aunque para asegurarte sólo tienes que no estar.

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