La Bernarda, con sus 86 trémulos años, corre a duras penas la ventana del lavadero y se asoma al patio. Chari y Pilar, en pleno debate entre el tercer y el quinto piso, no la advierten. "(…) y claro, con los recortes, a mi marido le han hecho un ERTE, pero menos mal que su compadre Juli le está llamando para hacer algún chapú de extranjis, si no…". "¿Pero se puede? A ver si la policía lo va a pillar y va a ser peor", le advierte Pilar. "¡Qué va! Además, te voy a decir una cosa: lo de las multas que ponen es mentira, luego no te llegan a casa, que me lo han dicho a mí de buena tinta", responde Chari muy resuelta.

Desde la sexta planta, la voz autoritaria de Alonso, con esas eses tan marcadas, se acopla a la conversación. "Si los míos estuvieran gobernando y no este alfeñique que tenemos, la policía actuaría de verdad", sentencia. "Con los vuestros ahora tendríamos la mitad de parados, pero el quíntuple de muertos…", replica con acidez una voz medio escondida en el 4ºB. La pobre Bernarda intenta intervenir, si bien el fulgor de las palabras eclipsa su débil energía. Un chirriar pausado de persiana descubre a Vanessa en el 3ºA, frente a Chari, y esta le afea no haber aparecido antes. "¡Qué quieres que haga, hija! ¿No ves que ahora tengo que hacer de madre y maestra a la vez?", espeta con desdén. "¿El profesor de tu niña también se está escaqueando?", exclama con complicidad. "No -dice categórica Vanessa-. Lo de escaquearse lo hacía antes, ahora directamente se toca… las narices. No hace nada, como si no existiera. Eso sí, a los maestros no les recortan. Como ganan tan poco y no tienen vacaciones…". Chari se alinea con ella y hace más gorda la bola: "Y tanto, y no hablemos de las clases virtuales esas… ¡Si hasta mis dos chicos manejan mejor el Internet que su maestra! A ver quién me paga a mí esto de hacer de profesora en casa".

Apresurada, casi echando la ventana abajo en lugar de abrirla, Esther bufa su respuesta desde el 2ºB. "¡Se lo va a pagar la misma persona que me paga a mí lo de tener que hacer de madre en el instituto! Y ahora me ponéis a mí también un cartelito en el portal, como a Juan el del Súper!", vomita como abrupto adiós sin opción a réplica.

Casi al alimón, en el 4ºA, la silueta de Juan intenta aplacar ánimos. "Hay que relajarse un poco, ¿eh? Yo por eso salgo a correr todos lo días un rato, para aliviar tensiones. Pero usando mi mascarilla, no me critiquéis, que me meto todos los días en el Twitter para estar a la última de la OMS", suelta desde su orgulloso sentido común.

En estas, Chari busca con la mirada a la Bernarda y le acusa: "Señora, está usted hoy muy callada. ¿No va a decir nada? El silencio unánime al fin permite a la apocada mujer componer unas palabras: "Yo os iba a decir que ya era la hora de los aplausos, pero se ha pasado hace unos minutos". Se vuelve hacia dentro, se persigna, le da las gracias a su Jesús Cautivo por estar viva un día más y pide por su hija Toñi, a la que no ve porque lleva trabajando 39 días sin descanso en el hospital y ella no ha vuelto a salir de casa.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios