El presidente por juramento

Esperemos que estos nuevos tiempos también traigan nuevas formas, porque Venezuela se lo merece

Desde que Juan Guaidó se juramentó como presidente de Venezuela estamos viviendo un proceso de derrocamiento a cámara lenta como nunca antes conocimos. Probablemente esta sea una nueva forma de acabar con los gobiernos tiránicos y las dictaduras, a través de los apoyos internacionales y del mundo de las nuevas tecnologías, de ahí que cada paso cree confusión y desconfianza. Pero si ello es así para cualquier ciudadano del mundo, imaginémonos lo que debe ser para la población venezolana.

Es evidente que el presidente español debe actuar con cautela, ante este novedoso desafío y, sobre todo, ante la magnitud de las enormes inversiones de España en ese país. Pero dado el gran conocimiento que, sobre la política española y especialmente sobre el funcionamiento de algunos partidos, se tiene desde Venezuela, no ha sido muy acertado pedirle un corto tiempo para convocar elecciones. Cuando el que envía esa orden la incumple en España, a pesar de haberse comprometido a ello, no es el más adecuado para hacerlo. Y, claro está, la chanza y el ridículo que ha provocado no son muy adecuados para el respeto a nuestro país. Pero la respuesta no se ha hecho esperar y la convocatoria de elecciones legislativas, evitando las presidenciales, está aquí. Esperemos que nuestro presidente no se plantee unas elecciones sólo para el Senado, a raíz de esta estratagema de Maduro, pero mejor no dar ideas.

A partir de ahora mantener la tensión justa para no desembocar en un derramamiento de sangre será el quid de la cuestión. La retirada de embajadores y el nombramiento de otros puede ser entendido como un cierto agravio, pero el bloqueo de cuentas, fondos y bienes de las autoridades bolivarianas, y su entrega a los nuevos gobernantes, va a ser un auténtico escollo. Todos sabemos que los idealismos de igualdad y redistribución de las riquezas de los revolucionarios se acaban cuando les tocan sus bienes, y de ahí la incertidumbre ante las reacciones. Poco a poco los militares están redirigiendo sus apoyos hacia los nuevos gobernantes, pero tienen tanto que ocultar, especialmente en paraísos fiscales, que temen perder sus privilegios. Desde los 12 apóstoles de Carlos Andrés Pérez hasta la guardia pretoriana de Maduro, el entorno de intereses económico ha primado sobre el interés ciudadano. Esperemos que estos nuevos tiempos también traigan nuevas formas, porque Venezuela se lo merece.

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