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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

El problema no es Podemos

El futuro de España se puso esta semana en manos de seis mil militantes de ERC que buscan acabar con ella

Por más que suponga desdecirse de todo lo comprometido y proclamado durante meses y por más que rechinase la fraternidad impostada del abrazo Pablo-Pedro (más Pablo que Pedro), la coalición de gobierno entre PSOE y Podemos no debe alarmar más de la cuenta. Sobre todo porque a este Podemos no lo reconoce ni la madre que lo parió. Ya ha renunciado a la política económica, al impuesto a la banca, al control de los alquileres, al euroescepticismo. A Defensa, Interior y Exteriores. Con tocar moqueta y viajar en coche oficial se conforman Pablo Iglesias y familia. El cielo puede esperar.

Lo alarmante no es que dos partidos de izquierdas -uno socialdemócrata, otro retóricamente más radical- gobiernen juntos. Lo alarmante, y escandaloso, y dañino, es que sólo puedan gobernar con el permiso de un partido ultranacionalista enemigo de la solidaridad de los territorios ricos con los pobres. Tan enemigo que su objetivo en la vida es separar a unos de otros lo máximo que se pueda. Con la secesión.

Pedro Sánchez provocó la repetición de las elecciones para que el PSOE aumentara sus escaños a costa de Podemos, para no tener que meter a los podemitas en su Consejo de Ministros y para no depender de los independentistas. No ha conseguido ninguna de sus tres ilusiones. Los socialistas bajaron en votos y diputados, él se ha visto obligado a darle más cancha a Podemos en su hipotético Gobierno y sigue dependiendo de los separatistas de ERC. Con más perentoriedad que nunca.

Y con más peligro que nunca. Porque ahora no es que sospechemos que estos anhelados cooperantes de la investidura de Sánchez quieran separar a Cataluña de España. ¡Es que ya lo hicieron! Aunque pretendan que todo el procés fue un espectáculo teatral para obligar a negociar al Estado, la república se declaró, se desobedeció al Tribunal Constitucional, se hizo un referéndum ilegal y se buscó -tan inútilmente como todo lo demás- el reconocimiento internacional. Iban en serio.

Y a los condenados por sedición y malversación es a quienes ahora se pide precio para que autoricen el gobierno de coalición de Pedro y Pablo. El futuro de España ha estado esta semana en las manos de menos de seis mil españoles que no quieren serlo. Son los 5.953 militantes de ERC que el martes autorizaron a Rufián a pactar con el PSOE la abstención en la investidura de Sánchez a cambio de todo lo que se le pueda sacar para la causa de la ruptura con España.

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