Un rayo de esperanza

Hubo algunos que lo encumbraron hasta la comisión de derechos humanos del País Vasco.

Amanecer del día 16 de mayo. Un individuo se acerca a un centro hospitalario en los Alpes franceses cuando es interceptado por los servicios de inteligencia. Acaban de dar con uno de los mayores terroristas de la historia de España y con una de las historias más humillantes para la política de nuestro país. Pero al menos vuelve a dar con sus huesos en la cárcel, donde debían estar desde hace largo tiempo y eso es, sin duda, un rayo de esperanza.

El propio nombre de la operación policial no podía haber sido más acertado: "Infancia Robada". Nos ha retrotraído a aquel año 1987 cuando Josu Ternera ordenó el atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza. De un plumazo certificó la muerte de 11 personas, entre ellas 6 menores, y causó heridas a otras 88, sin que le temblara el pulso. Pero para alguien que había participado en el asesinato de Carrero Blanco esto debía parecerle un ejercicio táctico sencillo. Al menos alrededor de las tumbas de todas aquellas criaturas puede que hoy florezca nuevamente la justicia, y en su memoria este individuo pague por todo el daño que hizo.

A pesar de encontrarnos ante uno de los personajes más sanguinarios y excéntricos de la historia de España, hubo algunos que lo encumbraron hasta la comisión de derechos humanos del País Vasco. ¿Se imaginan el concepto de "Derechos Humanos" de alguien que no ha dudado en matar a inocentes? Pero ese era el estado de perversión que ha vivido Euskadi y donde aún muchos de sus responsables siguen al frente de las instituciones. Por ello no ha habido felicitaciones por parte de los dirigentes vascos ante esta histórica detención, y eso es algo muy triste. Porque los que dicen querer pasar página, pero siguen sin atreverse con ETA, solo tienen dos justificaciones, o la simpatía o el terror.

Lo que ha sido curioso del final de esta alimaña ha sido conocer su entorno vital. ¿Se dedicaría a reflexionar sobre su vida observando, cual ermitaño, la majestuosidad de los Alpes? ¿O acaso sufriría y pediría perdón por cada persona que asesinó? Desde luego nadie normal sabe lo que pasa por el cerebro trastornado de un terrorista, hasta para buscarse un seudónimo como el de Bruno Martí. Probablemente trataba de rememorar el pensamiento de Farabundo Martí, con el que podía compartir sus principios: "Cuando la historia no se puede escribir con la pluma, entonces debe escribirse con el fusil".

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