Al rojo PP

A Montesinos le toca ahora la tarea de cerrar la parte malagueña de la herida abierta en el PP tras la irrupción de Vox

TÚ a Boston y yo a California. La trama de la película de la factoría Disney, estrenada en 1961, narra la historia de dos niñas de extraordinario parecido que coinciden en un campamento del verano. Al principio no se llevan muy bien pero como tienen que convivir se dan cuenta de que no les queda otro remedio y acaban cooperando entre sí. Cambien a las protagonistas por Pablo Casado y Juan Manuel Moreno Bonilla y el título de la cinta por un "tú a la Junta y yo al Gobierno central".

Incluso si existiera la genética política, el final de este filme electoral sería el mismo: los dos personajes descubren que son hermanos de la causa y necesitan de Ciudadanos y de Vox para la conquista, aunque obtengan los peores resultados de su historia. Así que ambos, aunque el gemelo menor es el que manda en realidad, se han repartido los papeles. Manos libres para el presidente andaluz a la hora de elaborar su equipo en la Junta (más o menos) y el aspirante al Gobierno central coloca sus peones de confianza en el feudo del otro para la batalla nacional.

Así ha aterrizado por sorpresa el periodista que cubría al PP en Libertad Digital, un medio de comunicación que no esconde sus preferencias políticas. La decisión de Pablo Casado ha dejado estupefactos a la mayor parte de los dirigentes del partido en Málaga. Pero ninguna voz se alzará para cuestionarla. Al contrario. Ya han construido un argumentario: Casado demuestra que el PP se mueve y se renueva. Habría que añadir que sin el PP, porque el dedo superior se ha posado sobre un independiente. Es la ventaja de un partido acostumbrado al ordena y mando. Eso sí, hay que reconocerle al líder que su dígito agita las redes. Más de 6.000 tuits reflejaban en unas horas las reacciones ante la designación de Pablo Montesinos como número 1 por Málaga al Congreso de los diputados. Desde luego el nombramiento de cualquier otro aspirante local no habría provocado un revuelo mediático de esta envergadura.

Si los populares acaban de perder a su personaje más televisivo, me refiero a Celia Villalobos, lo sustituyen por otro que se cuela por la pantalla. En los tiempos de la primera, el objetivo era ofrecer una imagen progresista de la derecha. Ahora Montesinos debe suturar la herida por la que Vox desangra al partido. Y qué mejor escuela para atraer al votante conservador que las tertulias de Al rojo vivo rodeado de enemigos. Un superviviente.

Villalobos fue considerada en su momento una paracaidista, pese a que nació en Málaga. Montesinos también teme el sambenito. Se ha encargado de repetir, porque su DNI sólo refleja un accidente, que se presenta por su tierra. Y en todo caso en la tele funciona el mando a distancia.

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