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¿Hasta cuándo seguiremos esperando?

El futuro próximo plantea ciertas incertidumbres que puede hacer aún más compleja la situación

La crítica situación que hoy viven los pasajeros del Open Arms es un fiel reflejo de la falta de decisiones políticas que recorre Europa. Si, tras un acuerdo de seis países para recibir a estos migrantes, se siguen poniendo trabas, está claro que algo no funciona y Bruselas debe tomar cartas en el asunto. Estamos a un paso de una rebelión a bordo y, al igual que en el histórico motín del Bounty y las soñadas tierras tahitianas, muchos pueden acabar saltando al mar para alcanzar Lampedusa, con el consiguiente riesgo en vidas humanas que eso puede tener.

Pero ahora no tenemos a los gobiernos dándose propaganda para acoger a otros. Los populismos de la Liga Norte y del Movimiento 5 Estrellas tomaron una deriva que no saben como frenar, pero que han hecho descubrir a los demás que los brazos abiertos están siendo contraproducentes para sus intereses electorales, y esto los tiene bloqueados. Evidentemente la inexistencia de una autoridad superior que dirima estos conflictos va a provocar situaciones similares y cada vez más estresantes en el futuro, si no se llega a un acuerdo europeo global.

El futuro próximo plantea ciertas incertidumbres que pueden hacer aún más compleja la situación. La mayor epidemia de ébola de la historia de la República Democrática del Congo está teniendo lugar hoy y no se logra aislar. Son ya 1913 muertos de los 2852 contagiados, en una zona donde las guerrillas provocan las huidas de sus habitantes y la imposibilidad de contener el número de afectados. Esto podría aumentar aun más el férreo control fronterizo y migratorio, como ya ocurrió en el año 2014 con el brote de esta misma enfermedad en África Occidental, del que aún puede recordarse el arriesgado traslado del misionero y la enfermera españoles hasta Madrid. Aunque ahora contamos con medicamentos con mayor tasa de éxito, la dificultad para llegar a los pacientes son las mismas de ayer o incluso peores, de ahí el incierto futuro que se cierne nuevamente sobre la migración africana hacia Europa.

Los últimos acuerdos cerrados con Marruecos, y que han supuesto una inversión para España de 60 millones de euros en armamento y material de control de fronteras, son un pequeño placebo para nuestras conciencias. Esto puede contener un tiempo las migraciones ilegales, pero el chantaje irá "in crescendo", y el vecino alauita, pese a sus cariñosas recepciones, siempre ha sido insaciable.

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