Postales desde el filo

Tres sencillas reglas

Antes de plantearse una coalición deberían de haber dialogado sobre cómo superar sus desacuerdos

En ocasiones cuando las cosas se ponen complicadas el ser humano puede llegar a mostrar su mejor cara. Resulta conmovedor ver el cálido apoyo de la derecha mediática a Podemos. La pugna que mantiene con Sánchez sobre la investidura ha convertido a Iglesias Turrión en el político del mes para los analistas y tertulianos más próximos al "trío de Colón". Según parece, Sánchez, el gran depredador, es el Joker de la política española y la que era la izquierda bolivariana y proiraní ahora es la víctima a proteger. Si se argumenta que el PSOE le ofreció tres ministerios y una vicepresidencia dirán que todo era un engaño, que las carteras estaban vacías. Si han pactado en CCAA y ayuntamientos por qué no el gobierno de la nación, se preguntan con malicia.

Aunque sepan que la diferencia consiste en que, en esos otros niveles de la administración territorial, no están en juego asuntos como: la cuestión territorial, la política europea, la exterior y la interior, la de defensa o la fiscal, etc. Que son precisamente los asuntos en los que las diferencias entre la izquierda de tradición comunista y la socialdemócrata pueden llegar a ser insalvables. Es cierto que eso explica lo que está pasando, pero no cómo hemos llegado a este punto. Probablemente antes de plantearse una coalición, como comprometieron en campaña PSOE y UP, deberían de haber dialogado sobre cómo superar sus desacuerdos básicos en cuestiones esenciales para el ejercicio de un gobierno democrático e integrado en la UE. Las cosas son más fáciles compartiendo una visión común. En un reportaje, en el que la directora de El país recoge una larga conversación con Felipe González, el ex presidente expone tres reglas del juego mínimas: "Que el gobierno funcione como debe funcionar de acuerdo con el ordenamiento jurídico. Que el presidente no deje de ser el presidente, que tenga la facultad de nombrar y cesar al ministro que crea que tiene que nombrar, y que cesar, porque es su responsabilidad, no de nadie más. Y que las decisiones sean del Consejo de Ministros". Esas bases elementales deberían preceder como preámbulo a cualquier acuerdo programático o compromiso escrito de ejecución de políticas concretas. Si no hay una mutua convicción de la necesidad de respetar esas mínimas reglas del juego, difícilmente se puede constituir un gobierno estable que pueda afrontar los enormes retos que tiene por delante la sociedad española.

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