Sin maldad

La soledad del Rey

Poco les ha importado si esta visita y sus circunstancias debilitan la posición de Felipe VI

El emérito se marchó a Abu Dabi a principios de semana y dejó a la grey monárquica dividida y desconcertada. Ni siquiera los medios de comunicación más fervorosos defensores del rey Juan Carlos han dejado de reconocer la incomodidad que su visita ha provocado a la Casa Real. La forma como se ha producido, lejos de cualquier intento de discreción, y la justificación para hacerla, una competición de vela, no han provocado ningún entusiasmo en el entorno de Felipe VI. Sin embargo, resulta paradójico que a pesar de esta manifiesta incomodidad, en los ambientes más tradicionalmente monárquicos todo haya sido reconocimiento, halagos y bienvenidas al anterior monarca.

Qué duda cabe que la Casa Real trata de esforzarse en recuperar el prestigio perdido por la Corona ante la sociedad española y busca labrarse una imagen de austeridad y transparencia que haga olvidar los excesos y abusos que don Juan Carlos cometió en las últimas décadas. Por eso, la visita del exmonarca no facilitaba esta política, sino todo lo contrario. Extraña, por tanto, que destacados defensores de la monarquía que proclaman su adhesión al actual jefe del Estado no hayan dudado en aplaudir fervientemente esta visita que cuando menos ha de calificarse de inoportuna. Ha dado la sensación de que los deseos del actual rey dejan de tener el respeto y la consideración de parte sus seguidores, que han preferido buscar en esta visita un elemento más de confrontación y enfrentamiento con el gobierno. Porque de esto ha ido la polémica. Poco les ha importado si esta visita y sus circunstancias debilitan la posición del Rey ni que tan desenfrenado fervor juancarlista suponga una quiebra en la estrategia que actualmente mantiene la Casa Real, lo importante ha sido provocar el desgaste gubernamental. Por eso, no sorprende que el líder del PP acuse al ejecutivo de deteriorar la institución monárquica cuando en el fondo es la actitud de apoyo al Rey Juan Carlos la que produce ese efecto y deja al actual Rey en una sensación de soledad y aislamiento. Es cierto que, como ya se sabe, en el gobierno existen dos criterios distintos, pero hubiera sido conveniente que la posición de la mayoría del Consejo de Ministros de respetar y apoyar al actual jefe del Estado se hubiera visto reforzada por el primer partido de la oposición, que lamentablemente ha preferido engrosar el grupo de los aplaudidores acríticos de don Juan Carlos sin tener en consideración los frustrados planteamientos de Felipe VI.

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