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El sueño de Banderas

El teatro es la última muestra del avance de una ciudad que se mueve a golpe de avalancha. De la Semana Santa a las luces

Antonio Banderas cumplirá 60 años el próximo verano. Con el Teatro Soho Caixabank ha conseguido cumplir uno de sus sueños, Cuenta que lo ideó cargado de tubos en un hospital, cuando se recuperaba de un infarto. Acumula reconocimientos por su interpretación en la película Dolor y Gloria. Será la catapulta definitiva que lo elevará a otra categoría como actor, la que perseguía desde años.

Personalmente pienso que el artista malagueño, con permiso de la espléndida Julieta Serrano, es el alma y el corazón de ese filme de Pedro Almodóvar. Creo que es muy complicado tomar la suficiente distancia cuando se decide rodar parte de su propia vida, como es el caso del cineasta manchego. Desde la primera línea del guión al corte final. Banderas, a mi juicio, encumbra la cinta y arrastra al éxito al propio director. De momento, los premios y las nominaciones van cayendo en continuo goteo, sin la más mínima discusión.

Pero además, Banderas ha alcanzado la plena madurez infantil con su teatro. Porque invertir unos diez millones de dólares en ese proyecto cultural en Málaga, parece más propio de la obsesión de un niño por un juguete que el fruto de la serena reflexión de un empresario próximo a las seis décadas y ya no necesita demostrarse nada a sí mismo. Claro que viéndole cómo se mueve en A Chorus Line también se ha propuesto ofrecer el elixir a sus coetáneos para sortear las maquinaciones del tiempo. Siempre que se esté dispuesto a perder nueve kilos, para empezar. El primer reto lo ha superado con creces: terminar una reforma del edificio dentro del plazo razonable, algo casi utópico en Málaga, y llenar por anticipado el patio de butacas para todas las representaciones de la obra gracias al poderoso tirón de su marca. Y, sin embargo, puede ser que lo hecho hasta ahora haya sido lo más sencillo. El examen comenzará cuando su primer espectáculo baje su último telón.

Pero si se le escucha, es tanta la ilusión que transmite, la seguridad que deposita en su equipo y la confianza de que desde Málaga también se puede cumplir el famoso sueño americano, si detrás hay mucho trabajo y profesionalidad, que cuesta no contagiarse de ese entusiasmo que irradia.

El teatro del Soho es también la última muestra de la pujanza de esta ciudad. Málaga avanza. Es cierto que casi siempre a golpes de excesos. O de avalanchas, si se prefiere. Desde la Semana Santa a las luces de calle Larios. En un todo o nada. De los museos a las terrazas. No hay términos medios. Pero si ahora algunos sueñan lo imposible es porque esta urbe ha conseguido una proyección internacional impensable. Y esa realidad hay que anotársela a Francisco de la Torre.

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