Luces y sombras

antonio / méndez

La tómbola

S EGURO que Vanessa Martín nunca pensaría en 2011, cuando se abrió un perfil en la red social Twitter, que cinco años más tarde acabaría dirigiendo la televisión local de la capital, Onda Azul, con un presupuesto de casi dos millones de euros. Si lo hubiera sospechado, no se habría definido entonces para sus seguidores como "cibercateta, tecnomendruga, periodista y rubia. La naturaleza se ha cebado conmigo. Pero leo muchísimo... ¿O creéis que el horóscopo me lo invento?". Aunque a alguien le pueda parecer que esta descripción por sí sola la invalida para asumir una responsabilidad como la que va a ejercer, en mi opinión, lo único que demuestran sus palabras es la capacidad para reírse de uno mismo. Y eso es una virtud. Otra cosa distinta es determinar si se trata de la persona adecuada para la envergadura del proyecto; si reunía más méritos y preparación que el resto de los sesenta aspirantes que concursaban. Y me temo que a simple vista de los candidatos, la respuesta a esas preguntas es no. El dato más significativo de la trayectoria profesional de la elegida, es la presentación durante ocho años de un programa resumen de los mejores momentos de Canal Sur.

Pero ése no es su problema. Además, estoy convencido de que tampoco le será difícil elevar el listón de la televisión que hereda. La cuestión de fondo es el detestable comportamiento de los cuatro partidos políticos que han participado en este enjuague: PP, PSOE, Málaga Ahora (la marca blanca de Podemos) Ciudadanos y Málaga para la Gente. Los requisitos oficiales de selección eran tres: la licenciatura en Comunicación, una experiencia profesional de más de ocho años y al menos tres como jefe o asimilado. Con ese currículo y tal como está la profesión, pocos me parecen los 62 candidatos que optaron. Pero una vez cumplidas las apariencias, la realidad es que el proceso de selección, con esos baremos tan ambiguos, dependía únicamente de los tejemanejes de los partidos. Y ahí, una vez más, han vuelto a exhibir sus convicciones democráticas y lo que a mi juicio aún es peor, el nulo respeto que sienten por la profesión periodística. Ha sido infame el paseíllo que varios de los aspirantes han tenido que realizar por los grupos municipales para las entrevistas. Sólo un puñado. Al resto ni siquiera se les ha dado la oportunidad de explicarse.

El PSOE defendió una alternativa con la que creía que se llevaba el gato al agua. El PP la rechazó de plano. No era de "los suyos". Y al final, para ganar la batalla, le brindó la opción a Podemos de respaldarle cualquier propuesta a condición de que no fuera la de los socialistas. Una televisión pública para jugar a los partidos y designar a los gerentes en una tómbola.

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