Club Dumas

La tormenta perfecta

Todo se ve agravado con la decisión de China de asumir los principios de Donald Trump

Desde que Charles Darwin definió el origen y evolución de las especies como una dinámica de superación ante cualquier entorno adverso, el crecimiento de la humanidad ha respondido a dicho principio. Esto ha supuesto que, cuantos más bienes y servicios se han precisado en el mundo, más ha ido creciendo la capacidad para aportarlos. Pero parece que, de pronto, se ha producido una crisis planetaria de suministros que está poniendo en jaque a todos los países y cuya respuesta requiere de soluciones inteligentes desde gobiernos, preferiblemente, inteligentes.

La pandemia ha supuesto una ralentización de la economía y ésta provocó el descenso de operarios y de pedidos. Los países han resuelto la disminución de trabajadores desde diversas políticas de protección, pero no actuaron sobre la capacidad de estocaje empresarial, para que continuara la llegada de materiales. Ahora, tras superar el confinamiento, el consumo vuelve a niveles similares o superiores a los previos, pero sin que las empresas tengan posibilidad de recuperar los suministros necesarios para tanta demanda. Es lo que se entiende en matemáticas como un problema de cuellos de botella sobre grafos.

Todo se ve agravado con la decisión de China de asumir los principios de Donald Trump y proveer primero a sus fábricas, dejando tirados a los clientes extranjeros.

La solución requerirá de una nueva selección de proveedores y una reapertura de canales de abastecimiento hacia otros países. En esta tesitura, solo aquellas naciones con superávit eléctrico podrán incrementar la producción adecuadamente. Pero el cierre de centrales de producción nos ha hecho interdependientes del clima y, en este momento, se ha producido la tormenta perfecta. Ahora es necesario establecer prioridades, no solo de suministros, sino de capacidad energética para llevarlos a cabo y, lógicamente, no hay países donde coincidan ambas situaciones. Es evidente que aquellos países con menor dependencia exterior serán los más afortunados pero, en la actualidad, ¿eso existe?

Lo más curioso es que ya nos pasó con la escasez de mascarillas recientemente, y deberíamos haber aprendido de la fábula de la cigarra y la hormiga, pero volvemos a caer en el mismo error. Afortunadamente los gobiernos que nos dijeron por entonces que no serían necesarias las mascarillas ahora serán los que afronten la situación, y eso debe darnos un pacificador desasosiego.

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