En tránsito

Un triste final

El último Juan Carlos es una patética caricatura del joven rey que inauguró el único periodo de la historia de España que podemos calificar de "feliz"

En los últimos años del franquismo, nadie daba un duro por el aún príncipe Juan Carlos. Para los franquistas era un bobalicón que parecía masticar guisantes cuando hablaba. Para la oposición, y sobre todo los comunistas, Juan Carlos era otro bobalicón que no duraría ni dos días en su nuevo cargo de rey tras la muerte de Franco. No había más. Eso es lo que imaginaba todo el mundo, pero luego las cosas ocurrieron de forma muy distinta. Juan Carlos pilotó una Transición muy complicada con la ayuda de unos pocos leales y de un político desconocido llamado Adolfo Suárez. Y una década más tarde, a comienzos de los 90, cuando España había entrado en la Unión Europea y gobernaba el PSOE de Felipe González, Juan Carlos ya se había convertido en "el hombre que había traído la democracia a España" al que nadie se atrevía a cuestionar. Y era, además, inviolable. Nadie podía juzgarlo.

Pero el rey Juan Carlos, el hombre que había detrás del cargo, era en realidad un enigma. ¿Quién era? ¿Qué pensaba? ¿En qué creía? Su vida quizá pueda explicarlo un poco. Nació en el exilio, creció en la humillante pobreza de una casa real destronada, mató a su hermano de un disparo accidental y tuvo que someterse a una educación militar ordenada por un dictador frío y distante -y alérgico al sexo- que era todo lo contrario de lo que él mismo era (o quería llegar a ser). Después, cuando consiguió ser rey, Juan Carlos vivió rodeado de aduladores y pudo pegarse la gran vida sin que nadie le pidiera cuentas. Y entre medias, tuvo que traicionar a su padre, don Juan de Borbón (que quería ser rey), y también tuvo que traicionar a Franco (que le había exigido ser fiel a la dictadura). Se mire como se mire, es una vida de personaje shakesperiano. Y para que no falte nada, cuando ese hombre lo tenía todo para pasar a la historia como un gran rey, perdió la cabeza y se dejó encandilar peligrosamente por el dinero turbio y por los labios siliconados de una cortesana avariciosa que parecía sacada del reality de las Kardashian. Y una vez más tuvo que emprender el camino del exilio.

Este último Juan Carlos es una caricatura del joven rey que inauguró el único periodo de la historia de España que podemos calificar de "feliz". Y eso es lo más triste de todo. Porque si él era tan malo, los que están en su contra -y quieren cargarse el régimen del 78- parecen mucho peores que él.

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