El último Mundial

Cuando veo a niños que sollozan porque su equipo pierde, mi corazón vuela a México 1986 y yo también lloro

Mi primer recuerdo de un mundial de fútbol se sitúa en una tarde calurosa frente a la televisión en blanco y negro. Imagino que sonaría la música de la conexión de Eurovisión con aquella carátula estrellada que aún recuerdo y nada menos que desde México, vía satélite, podíamos ver el partido inaugural del Mundial de 1970. Era un México frente a la Unión Soviética que acabó en empate a cero e imagino sería aburridísimo. De aquel Mundial recuerdo las imágenes de la final, en otra tarde de calor y con el triunfo de Brasil frente a los italianos. Quizás fuera mi primera desilusión en un Mundial, yo siempre jugaba con los europeos. Mi padre, no sé bien porqué, siempre estaba con los brasileños y los argentinos. "Jugaban bonito", decía.

No estuvo España, ni en el 70, ni en el 74, de modo que los mundiales de mi infancia transcurrieron pidiendo a mi padre que me recordara aquello del gol de Zarra a los ingleses en el Mundial de Brasil. Decía que lo había oído por la radio, cosa que se me antojaba como muy antigua después de ver ya los mundiales de Alemania con las primeras emisiones en color. El primer Mundial con participación de España que pude ver, Argentina 1978, cosas de la vida, me atrapó en plena adolescencia y por entonces mis intereses eran otros; total no pasamos ni de la primera fase. Creo que mi padre ya se barruntaba que el Mundial en España, 1982, iba a ser un fiasco y su mayor alegría fue ver como el anciano presidente italiano celebraba los goles de su selección en la final. Y como me decía una compañera en aquellos años de la carrera universitaria: "Es que los españoles son muy malos".

Y volvíamos a México, en 1986. Allí se inició aquella historia: España no pasaba de cuartos. Caíamos ante Bélgica en los penaltis, donde Zubizarreta siempre se lanzaba al lado contrario del debido. Cuando vi a De Gea frente a Rusia me parecía estar contemplando un déjà vu de aquello. Aquella final del 86 la terminé viendo en la terraza de un bar, tras cobrar unas clases particulares que impartí mientras esperaba me pagaran mi primera beca como investigador. Yo que íaque ganara Alemania y mi padre, claro, Argentina. Él estaba feliz y yo muy cabreado. Ya no hubo más mundiales compartidos, todo empezó y acabó en México.

Cuando, en las retransmisiones del Mundial, veo a niños que junto a sus padres sollozan porque su equipo pierde, mi corazón vuela a México 1986 y, secretamente, yo también lloro. Vale.

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