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Más valor que De la Torre

No creo la gestión de un alcalde de Málaga incluya mediar en los negocios del fútbol, aunque sea el Málaga

Más valor que el Guerra, dice un dicho popular taurino que bebe de la famosa osadía de Rafael Guerra, Guerrita, un diestro cordobés de finales del siglo XIX , que también pasó a la historia por sus famosas sentencias: "ca uno es ca uno" o "más cornás da el hambre". Pues Francisco de la Torre, en el siglo XXI, y sin pisar un ruedo, le sobrepasa en atrevimiento. No desde luego en elocuencia verbal, porque el alcalde no es precisamente un hombre de frases cortas.

En una semana ha intentado arreglar el desaguisado del Málaga Club de Fútbol y, de paso, anunciar en una reunión en París que la capital de la Costa del Sol aspira a ser sede en 2026 de una exposición internacional sobre innovación y crecimiento sostenible. Se puede disentir con el regidor, pero nadie le podrá discutir su capacidad para chapotear en cualquier charco.

Entre las aficiones del munícipe no destaca la del fútbol. Basta con recordar que una vez nos convocó a los periodistas para desvelarnos un proyecto estrella a la misma hora que se jugaba una final de la Champions, con la participación de un equipo español y él desconocía por completo ambas cosas. Pero como político de increíble memoria, seguramente recuerda aquella desaparición del Club Deportivo Málaga, en la temporada 91-92, después de descender a Segunda y acabar en la ruina tras el esfuerzo económico en la campaña posterior por regresar a la máxima categoría. Nadó y nado pero se ahogó en la orilla de la Promoción. ¿Le suena? En aquella época, muchas críticas se dirigieron después contra Pedro Aparicio. Porque en Málaga siempre se acaba culpando al alcalde de todo lo malo que sucede. También es la figura que rentabiliza los éxitos.

Así que no me extraña que De la Torre, aunque él no lo ha confirmado, se haya personado en el propio emirato catarí. Una odisea. Porque la mentalidad árabe difiere de la occidental en modos y tiempos. Puedes volver de un viaje sin que te reciba ni el décimo asistente del secretario de algunos de los Al-Thani de turno que comandan el gobierno o los principales conglomerados empresariales. Aunque siempre pudo visitar en Doha el Museo de Arte Islámico o igual ha visto el skyline del barrio financiero, ahora que quiere darle otro uso al recinto de la Feria. Mientras aguarda al grupo catarí -¿qué casualidad?- que pretende heredar el rascacielos en el puerto.

No creo que el deber de un alcalde sea intermediar entre los dueños de un club para que vendan sus acciones. Ni tampoco buscar inversores para que asuman la herencia. Por mucho que el Málaga se halle por encima del bien y del mal y la afición lo exija. Son negocios. Y la ciudad nunca puede parecer que es moneda de cambio. Pero, admito, tiene más valor que el Guerra.

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