No lo veo

Pero lo mismo es porque yo ya estoy mayor y no entiendo estos tiempos de lucecitas

Como le digo, doña Rosita, no lo veo. Y si lo tengo que ver, será por el Telediario de la tres, que seguro que lo saca abriendo las noticias. Pero lo mismo es porque yo ya estoy mayor y no entiendo estos tiempos de lucecitas. A ver si me explico, o me lo consigue explicar usted.

Resulta que, como desde ayer estamos bajo toque de queda, a las once nos convertiremos en calabaza para no hacerlo en crisantemos y, si decidimos concentrarnos en contra de semejante metamorfosis vegana, puede que nos limiten la manifestación por no poder garantizar una mínima distancia personal. Pero el 27 de noviembre inauguraremos el alumbrado navideño de calle Larios sin que le quede ya sitio para una bombilla más. Pues lo dicho, que no lo entiendo. Porque puede que no haya inauguración oficial, pero seguro que hay un momento en el que le dan al interruptor y aquello se enciende. Y como lo hemos anunciado, un montón de gente irá a verlo y dirá ¡Oh! Porque también había un montón los años pasados entre pase y pase, aunque no hubiese espectáculo. Además, todo esto se ha hecho para que baje la gente al centro y consuma. Así que supongo que tendrán que controlar el aforo de la calle y pondrán un par de agentes en todas las aledañas para impedir que entre más de la que cabe. Como en la playa este verano. Pero entonces la aglomeración se formará en calle Martínez. Como cuando esperas que pasen los tronos en Semana Santa detrás de una valla. Solo que, en este caso, el trono puede pasar o quedarse allí un rato viendo las luces, en cuyo caso, seremos nosotros los que no pasemos y su vecino que, igual que usted, pensaba que él era el único que bajaría a ver las luces, le echará el aliento en el cogote. Que, si ya es desagradable de normal, le diré ahora. Y como lo único que le ha faltado a la calle estos años ha sido una barra de alcance y los botellones están razonablemente prohibidos, puede que hasta haya a quien se le ocurra tomarse la botellita de champán debajo de los arcos.

Lo dicho doña Rosita, que ni entiendo esto ni porque siguen cerrados los campos de futbol de las playas, donde hay menos gente que en el centro y corre una sana brisa marina. Claro que para no entender las cosas ya está Madrid y la idea de construir un hospital y dotarlo con el personal sanitario (y los curas, supongo) de los otros. Aunque lo mismo es para impedir que los médicos puedan acercarse a Málaga a ver las luces.

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