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La verbena de los pactos

Intercambiar alcaldías, repartirse el sillón durante dos años, votar para fastidiar... Todo eso (y más) sucedió ayer

El sábado 15 de junio de 2019 será recordado como un mal día para la democracia. Excepto en las ciudades y pueblos donde consiguieron mayorías absolutas, en los demás pasó de todo, con una verbena de componendas al mejor postor. Siempre hubo curiosidades, pero la fragmentación de la nueva política ha favorecido casos bochornosos. Por ejemplo, el de Melilla, donde gobernará Ciudadanos, que sólo tiene un representante. Después de una jornada como la de ayer, los partidos deberían pactar una reforma de la ley electoral, para que los alcaldes sean elegidos por los vecinos en segunda vuelta.

Ciudadanos tiene mucho que explicar. En la mayoría de los municipios pactaron con el PP (y a veces con Vox), pero en otros con el PSOE (y a veces incluso con Podemos). En Madrid van a gobernar a la andaluza, en coalición con el PP, para que el popular José Luis Martínez-Almeida sea el alcalde y la ciudadana Begoña Villacís sea la vicealcaldesa. Por el contrario, en Barcelona, Manuel Valls (que lideró la lista de Ciudadanos y fue puesto como ejemplo a imitar en otras ciudades) ha votado a la podemita Ada Colau para que gobierne en coalición con los socialistas catalanes del PSC. Una opción que le parecía menos mala que un gobierno de coalición entre Ernest Maragall, de ERC, y la misma Ada Colau.

Dentro de la verbena, Vox ha facilitado que gobierne el PSOE en Burgos, que tantos recuerdos ofrece para la memoria histórica del Generalísimo. También hay que poner el foco en Granada, donde el alcalde será Luis Salvador, de Ciudadanos, en minoría absoluta. Sólo tiene cuatro concejales, pero fue votado por los siete del PP y los tres de Vox para evitar un gobierno del PSOE, al que iba a apoyar Ciudadanos.

Otra vez Granada, como en 1979. En aquella ocasión, el PSOE y el PA acordaron el trueque de las alcaldías de Sevilla (donde había sido más votado el PSOE) y de Granada (donde fue más votado el PA). Al poco tiempo, se consideró que el PA había traicionado a Granada, y ya no se comió un pimiento en esa ciudad a partir de entonces. Por el contrario, nadie dijo que el PSOE hubiera traicionado a Sevilla, donde ayer fue elegido alcalde el socialista Juan Espadas. Eran otros tiempos y otras traiciones.

Intercambiar las alcaldías de ciudades, repartirse el sillón durante dos años cada cual, votar a uno para fastidiar a otro, criticar pactos de los demás sin mirar los propios... Todo eso (y más) sucedió ayer. Son los síntomas de una democracia enferma.

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