Un virus de película

Si le atribuimos a la naturaleza la capacidad de ajustar cuentas, demuestra que puede paralizar el mundo en seis meses

Cancelación, suspensión, aplazamiento, supresión, anulación, rescisión, liquidación... La riqueza del idioma español permite el uso de palabras con raíces muy distintas pero que en realidad, en ese caso, sirven para describir con una contenida graduación los mismos hechos. Durante esta semana los medios de comunicación, siempre preocupados por atender las múltiples peticiones informativas para las que nos requieren, hemos recibido más desconvocatorias que convocatorias. Sí, exagero, pero muy poco. Y vamos al punto muerto.

Un goteo programado. La exposición que no se inaugura oficialmente, el libro que ya no se presenta, un festival de cine que navega por el limbo, el pregón y finalmente la suspensión de la Semana Santa. Reuniones, congresos, encuentros. Cualquier humano es un sospechoso. Un contagiador en potencia. Así que este suma y sigue antisocial revela que nuestras vidas han entrado en un periodo indefenido de anormalidad. Ésa es la alarma.

Terremotos, erupciones volcánicas, tornados, tsunamis, incendios, huracanes... La naturaleza siempre ha sido muy estruendosa para hacerse notar. Pero de vez en cuando varía su estrategia y se vuelve silenciosa e incluso más efectiva. Si usamos la licencia de atribuirle la voluntad de ajustar cuentas a sus moradores. Ahora acaba de fabricar su última creación: el Covid-19. Invisible y asesino, con capacidad para paralizar el mundo en un semestre. Un buen guionista diría que el patógeno exhibe una inteligencia asombrosa. Sólo hay que ver los resultados del estudio de un grupo de investigadores chinos, publicados esta semana por la revista médica The Lancet y recogido por El País. El trabajo, que no puede darse por definitivo, analizó pacientes tratados en cuidados intensivos. El coronavirus sólo mata al 2% de los individuos a los que infecta. Pero los chino son más jóvenes que los españoles. La misión del virus es extenderse. Si acabase con la población que coloniza él también moriría. Así que no le interesa. Su instinto de supervivencia y su crueldad van a la par. Cada paciente que muere agoniza una media de 18 días. Los que enferman con gravedad y se salva, la mayoría, sufren una media de 12 días de fiebres altas. El periodo que transcurre desde la aparición de los primeros síntomas en el enfermo hasta su alta médica es de 22 días. La población mayor y con todo tipo de patologías está muy expuesta. La Vieja Europa. Se cuela en los hospitales e infecta al personal sanitario. Justo a los que acudimos para que nos curen. Y, si no, los acabara de eliminar por agotamiento, por simple estrés laboral. No hay sistema sanitario en el mundo que resista, que no se desmorone si no se contiene el ritmo de propagación.

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