Málaga Hoy En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Es normal cometer errores cuando te enfrentas a una pandemia causada por un virus desconocido del que apenas había conocimiento científico hace unos meses. Pero hay errores, como el del último pleno, que ni los más contumaces defensores del gobierno pueden aceptar. Sin embargo, cuando ves las imágenes de las manifestaciones pidiendo su dimisión, al grito de gobierno asesino, no puedes más que volver a solidarizarte con el ejecutivo, aunque sólo sea para sentir que estás en el lado correcto de la Historia. Quiénes se manifiestan tienen todo el derecho a expresar su rechazo a las medidas del gobierno, como también lo tenemos, los que no lo hacemos, a expresar nuestro total desacuerdo con dichas manifestaciones. El mismo que sentía por aquellas otras caceroladas independentistas en los barrios elegantes de Barcelona, que también protestaban por la falta de libertades. La misma estética, pero con otras banderas e invocando igualmente su grotesca idea de "verdadera democracia". Aunque lo único que demuestren, unos y otros, es no haber entendido debidamente el sentido de la democracia.

De forma insistente el PP y Vox afirman -y corean sus seguidores en las manifestaciones- que el gobierno es el causante de la ruina económica y el responsable de las más de veintisiete mil muertes causadas por el virus. Resulta evidente, para cualquier persona sensata, que tales afirmaciones son una aberrante distorsión de los hechos, propia de una lógica política retorcida y desquiciada. Habrá que decirles aquello de: es el virus, estúpidos. O recordar a los que siguen ciegamente sus consignas que el confinamiento ha sido la forma más utilizada en todo el mundo para combatir la pandemia: desde las más antiguas y sólidas democracias a los regímenes totalitarios. Y la evidencia del éxito de haber recurrido a una medida tan excepcional está ahí, en los datos estadísticos que día a día nos dan a conocer los distintos organismos oficiales. Pero vivimos tiempos en que "los hechos importan menos que los sentimientos a la hora de formar nuestras creencias". En su libro sobre la posverdad, Lee McIntyre, recuerda cómo muchos se horrorizaron "ante la mistificación de los hechos, el abandono de los estándares de evidencia en el razonamiento y la total y completa mentira que marcaron las votaciones del Brexit en 2016 y las presidenciales estadounidenses". De tal aberración, nuestros Casado y Abascal no son más que patéticos imitadores.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios