Un gobierno bifronte

Hoy por hoy, el principal problema que tiene Sánchez es la presencia en su Consejo de Ministros de Pablo Iglesias, cada vez más descaradamente desleal

Aestas alturas de legislatura ya no queda ninguna duda de que el Gobierno de España carece por completo de unidad de pensamiento y acción. Nunca se aspiró a que el Ejecutivo de coalición entre PSOE y Unidas Podemos estuviese exento de conflictos internos. Lo normal en este tipo de gobiernos es que haya fricciones y disputas, sobre todo cuando se van acercando las elecciones y cada uno de sus componentes ve la necesidad de diferenciarse claramente. Sin embargo, era difícil prever un panorama como el actual, en el que de forma muy temprana la unidad del Gobierno parece irremediablemente rota. Aquellas palabras del presidente en las que afirmaba que no podría dormir tranquilo con Pablo Iglesias en el Gobierno de España se han hecho realidad. Él es el primer responsable. Hoy por hoy, uno de los principales problemas que tiene el líder socialista es la presencia en su Consejo de Ministros de un Pablo Iglesias cada vez más desleal y dispuesto a usar todas las herramientas a su alcance para socavar la posición del PSOE y mejorar la de UP. En las últimas horas hemos visto cosas increíbles: enmiendas presentadas por Podemos con los independentistas sin previa notificación al PSOE, el posicionamiento de Iglesias a favor del Frente Polisario cuando el ministro del Interior intentaba en Marruecos aliviar la enorme crisis migratoria que sufre Canarias, duras declaraciones de políticos de Podemos contra los ministros socialistas que les son menos gratos (Nadia Calviño, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska...). En general, el espectáculo está siendo muy poco edificante y deja la imagen en Europa de un Gobierno bifronte sin un mando claro y con continuos guiños radicales. El PSOE y su secretario general deberían reflexionar muy seriamente sobre las consecuencias de pactar con formaciones de sesgo populista, incapaces de guardar la mínima lealtad institucional. El precio de perder la centralidad es éste. Actualmente España tiene un presidente del Gobierno que está siendo puesto en cuestión permanentemente por un sector de su Consejo de Ministros. Sánchez debería imponer un poco de orden o la situación irá degenerando a medida que se acerquen las elecciones.

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