Un plan para la restauración

Un sector como el de la restauración, que emplea a más de un millón de personas en España, es fundamental para la buena marcha de la economía del país

La hostelería se ha convertido en uno de los sectores más castigados por la pandemia del coronavirus. A ello ha contribuido en gran parte la necesidad de fomentar el distanciamiento social -algo muchas veces difícilmente compatible con el ambiente propio de bares y restaurantes-, pero también unas medidas erráticas y contradictorias por parte de las administraciones, que no han sabido marcar un criterio fijo y sostenible durante estos duros meses del Covid-19. Al igual que pasó con la ley antitabaco, que obligó a realizar a los negocios del sector caras reformas que luego no sirvieron para nada, los autoridades han mareado a los empresarios con medidas que tal como se ponían en marcha eran cambiadas por otras. El resultado ha sido el cierre de muchos de los locales de restauración o la disminución de las plantillas. No hay que recordar la importancia de este sector en España, que agrupa a 260.000 establecimientos. No sólo porque es un elemento clave en la sociabilidad de un país que, al contrario que otros de Europa, prefiere reunirse con amigos y familiares en estos negocios y no en los domicilios, sino también porque su trabajo es fundamental en la actividad turística, que con la pandemia se ha evaporado prácticamente. En el año 2019, poco antes de la pandemia, las ventas en el sector de la restauración en España superaron los 37.000 millones de euros, aportando el 5% del PIB nacional. En total, emplea a más de un millón de personas, lo que ha hecho que se llegue a afirmar que somos "un país de camareros". Por tanto, para que la economía española y andaluza marchen bien es necesario apoyar a un sector que está pasando uno de sus peores momentos debido a la pérdida de clientes y a las medidas excepcionales para combatir la pandemia. Ayer, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, anunció un plan de 660 millones de euros para ayudar a los sectores en dificultades, lo cual es positivo, pero hacen falta también planes más detallados y específicos para actividades como la restauración que no pasen -como ya se ha hecho- por la ley de la selva en horarios y ocupación del viario público. La solución no puede estar en enfrentar a empresarios y vecinos.

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