Novedades 'Málaga Hoy' estrena canal en WhatsApp, síguenos

Salud Aviso de los urólogos: El prejuicio al tacto rectal frena la detección precoz del cáncer de próstata

Tribuna

Jesús jordano fraga

Estupor por el acuerdo PSOE-Junts

No nos engañemos: si los mecanismos de solidaridad se suprimen o atenúan deja de existir la Nación. La disolución de España es la autonomía financiera

Estupor por el acuerdo PSOE-Junts

Estupor por el acuerdo PSOE-Junts

Finalmente se ha hecho público el pacto PSOE- Junts. Entiendo que dicho acuerdo contiene elementos que causan verdadero estupor. Los adjetivos se acaban cuando se incurre en semejante indignidad genuflexa ante el nacionalismo identitario. Repasemos los elementos del acuerdo hecho público el jueves. El primero, que ciertamente no constituye novedad, es la sinécdoque diabólica de confundir la parte con el todo. Ni Carles Puigdemont ni Pujol son Cataluña (afortunadamente). El acuerdo empieza primero hablando de “gran parte” para terminar hablando del todo como “proyecto nacional” o “aspiraciones de la sociedad catalana”. Eso será en sus sueños o en este papelucho, pero no es la realidad. Después de más de cuarenta años con toda la educación, los medios de comunicación y todo el dinero público autonómico, en el mejor de los casos, el nacionalismo solo representa la mitad de la sociedad catalana, pero el acuerdo en esta sinécdoque vasalla convierte una vez más al nacionalismo en el todo. El segundo de los elementos inaceptable es la figura del relator, verificador o mediador internacional. Este elemento, más que estupor causa risa, indignación y tristeza por la falta de dignidad. Pero por Dios ¿es que España es un país africano o tercermundista sin instituciones neutrales? ¿Es un país sin democracia ni Estado de Derecho? ¿Es Cataluña un estado independiente? El tercer elemento denigrante es hablar de reconocimiento nacional. Nuestra Constitución es clara al respecto: solo existe la nación española y el resto son nacionalidades o regiones. Lo dice con claridad no interpretable el artículo 2 de la Constitución: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Por cierto, en el relato del acuerdo se dice que todo es culpa del recurso contra el Estatut y la sentencia del Tribunal Constitucional asumiendo de forma humillante la retórica nacionalista. Pero, vamos a ver: ¿no será culpa de quienes quisieron reformar la Constitución por la puerta atrás sin las mayorías necesarias para ello? Y este es el cuarto elemento inaceptable del acuerdo. Con acuerdos entre nacionalistas y el PSOE no se reforma la Constitución. Recuerden lo ocurrido con la cuenca hidrográfica del Guadalquivir y el Estatuto de Andalucía. Lógicamente el voluntarismo se estrelló con el Tribunal Constitucional. Y así ocurrirá con fraccionamiento de las infraestructuras de interés general que nuestra Constitución asigna al Estado y que ahora parece se cederán a la Generalitat.

El estupor se convierte en repulsión cuando el acuerdo habla de amnistía. Porque se ve bien la doble vara de medir de los nacionalistas y el odio que destilan. Porque para ellos postulan la amnistía. Me reservo mayores consideraciones cuando se haga pública la proposición de ley. Pero sí quiero destacar ahora que mientras que para “responsables” –las comillas son doble sarcasmo porque los susodichos responsables ni tuvieron sentido de la responsabilidad al hacer lo que hicieron ni responden finalmente– y ciudadanos –léase vándalos CDR, o el héroe nacional Gonzalo Boye– se prevé la generosa autoamnistía y aquí paz y después gloria pero para las cucarachas del Estado jueces y magistrados de la Audiencia Nacional y del Supremo no hay amnistía pues de las conclusiones de las comisiones de investigación se pueden derivar modificaciones legislativas y acciones de responsabilidad. Perdón para los míos pero para los actores del poder judicial fuego eterno y ácido. Aquí el estupor me lleva a la indignación. Pero, vamos a ver, por menos de lo que hicieron estos “responsables” en cualquier otra nación democrática te ponen un traje naranja con esposas y tiran la llave al mar.

El acuerdo se completa con lo ya pactado con ERC y PNV, que para mí son más inaceptables todavía. La ruptura de solidaridad entre los territorios que forman España. No nos engañemos: si los mecanismos de solidaridad se suprimen o atenúan deja de existir la Nación. La disolución de España es la autonomía financiera o la cesión del 100% de los tributos o el perdón de la deuda. Y como ya dije en anterior artículo, es algo que sí o sí pagaremos todos con nuestros impuestos.

Estos días muchas personas cercanas me han transmitido su preocupación. Creo que no debemos alarmarnos por cosas que no podemos impedir. Hay que llamar al sosiego y a la tranquilidad. Ahora probablemente no podemos impedir ciertamente lo que está ocurriendo, pero más temprano que tarde los votos caminarán libres por las anchas alamedas de las urnas –esperemos que más unidos frente al estupor que la última vez–.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios