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Tribuna

María Dolores Lozano

Presidenta de la Asociación Española de Abogados de Familia (Aeafa)

Por una jurisdicción de familia

Una respuesta rápida y eficaz a través de una jurisdicción especializada evitaría en gran medida la violencia de género, la doméstica y la intrafamiliar

Por una jurisdicción de familia Por una jurisdicción de familia

Por una jurisdicción de familia / rosell

Cuando tengo una enfermedad del corazón acudo al cardiólogo y no al podólogo. Este razonamiento médico se puede calcar en la Justicia. ¿Por qué se creó una jurisdicción Mercantil? Porque los dirigentes del país consideraron indispensable que las empresas españolas, en sus crisis económicas, fueran atendidas en un juzgado propio, con jueces y fiscales especializados que supieran de contabilidad y balances.

Este proceder que parece tan obvio no se ha extendido a las familias y sus crisis. En España, ¿acaso son menos importantes los hijos, los abuelos, las madres o los padres o las parejas? ¿Acaso merecen menos atención que las empresas? Desde la Asociación Española de Abogados de Familia (Aeafa) creemos que no. ¿De verdad que un divorcio, la guarda y custodia de nuestros hijos o la incapacitación de un abuelo con demencia no son determinantes? Por supuesto que sí.

El Derecho de Familia aborda situaciones vitales y delicadas donde las personas más queridas se convierten en protagonistas. Está en juego el núcleo más cercano de nuestra vida, la familia. Y no sólo hablamos de separaciones, divorcios y guardas y custodias. El Derecho de Familia abarca mucho más: afecta a las incapacitaciones y las tutelas, la filiación, las adopciones, las herencias o las liquidaciones del régimen económico matrimonial.

Hitos que tarde o temprano todos transitaremos durante nuestro camino vital. Cuestiones complejas reguladas por una maraña legislativa autonómica, nacional e internacional a las que se suma la jurisprudencia de los distintos tribunales. Y todo ello, en España no recibe la atención de una Justicia especializada. Nos tenemos que conformar con ir al médico de cabecera. No hay cardiólogos para nuestro dolor de corazón. Eso les pasa a las familias españolas cuando entran en crisis.

Si estamos en un juzgado mixto, donde acaba de entrar un señor detenido que ha dado un puñetazo a otro y al mismo tiempo está prevista la celebración de un juicio de divorcio, el juez suspende el juicio de divorcio, porque tiene que atender primero una causa que puede implicar prisión. De tal manera, ese asunto de Familia pierde su turno, como ocurre en los aeropuertos cuando un avión pierde su permiso de despegue. Y lo peor no es quedarse sin la vez. Lo verdaderamente trágico es que las crisis familiares sean atendidas por jueces, fiscales y equipos psicosociales (cuando los hay) sin formación especializada en la materia, en juzgados saturados y donde los retrasos superan los tres años.

Una demora de 18 meses en un divorcio es dramática, sobre todo cuando las parejas tienen hijos. Una respuesta rápida y eficaz a través de una Jurisdicción especializada evitaría en gran medida la violencia de género, la doméstica y la intrafamiliar. Por nuestra experiencia, los retrasos y las rupturas mal gestionadas están relacionadas directamente con la escalada de la violencia entre padres e hijos.

El actual sistema de Justicia no garantiza ni cumple el principio de igualdad del ciudadano ante la ley. La razón estriba en que sólo los grandes núcleos urbanos disponen de juzgados de Familia con profesionales supuestamente formados y, a priori, medios adecuados. El resto de la población se tiene que conformar con juzgados de Primera Instancia, es decir, médicos de cabecera para una operación a corazón abierto.

Pero incluso en los juzgados de Familia a veces su singularidad se queda sólo en el rótulo. Yo no estoy tranquila si un magistrado que ha llevado toda su vida en Contencioso-Administrativo, de repente, pide el traslado a la sala de una Audiencia para resolver procedimientos de Familia. No basta con estudiar mucho para ponerse al día. Se requiere una formación multidisciplinar, con conocimientos en mediación y en psicología y, además, estar respaldado por una fiscalía especializada y unos equipos psicosociales preparados correctamente. Eso es lo que se necesita.

Y eso es lo que Aeafa lleva más de 25 años persiguiendo: una jurisdicción de Familia. Nuestra reclamación ha llegado a los oídos de los sucesivos gobiernos nacionales. De momento se han mostrado poco permeables, pero no cejaremos en el empeño. Cada vez son más los ciudadanos y los abogados de Familia que hacen de Aeafa y la jurisdicción de Familia su bandera. No estamos solos. Entidades representativas de la sociedad se unen a nosotros en un frente común. Al final, lo conseguiremos. Cuando llegue ese día, visitaremos al médico de cabecera para que nos cure el resfriado, no para una cirugía cardiaca de urgencia.

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