Personajes con sabor

Rafael Illa Peche: Tres décadas trabajando al servicio de Málaga

  • Un ciudadano del mundo con raíces en Málaga desde hace más de treinta años nos brinda su tiempo en torno a una mesa del restaurante La Reserva 12

Rafael Illa en el centro junto a Juan Rodríguez, coordinador general de La Reserva 12 (izquierda). Rafael Illa en el centro junto a Juan Rodríguez,  coordinador general de La Reserva 12 (izquierda).

Rafael Illa en el centro junto a Juan Rodríguez, coordinador general de La Reserva 12 (izquierda). / Paco Menjivar

Escribir esta crónica resulta especialmente gratificante para mí. La persona en cuestión es uno de los hombres más conocidos y queridos de nuestra ciudad, y además me une a él, entre otras cosas, su paso por el mundo del turismo –del que servidor procede– y su amor por el periodismo. Agradezco mucho a Rafael Illa que haya abandonado por unas horas su residencia actual de Vélez-Málaga para protagonizar este encuentro. Me consta que está dispuesto cada vez que se le requiere. Ahora les cuento.

El RESTAURANTE

En el centro, Frutos Jiménez, jefe de cocina, y Pablo Cioffi, jefe de sala. En el centro, Frutos Jiménez, jefe de cocina,  y Pablo Cioffi,  jefe de sala.

En el centro, Frutos Jiménez, jefe de cocina, y Pablo Cioffi, jefe de sala. / Paco Menjivar

Es raro el establecimiento hostelero de nuestra ciudad donde Rafael Illa no haya estado, organizado algún evento o representado a la ciudad en algún acto. Para esta ocasión decidimos encontrarnos en La Reserva 12, uno de los restaurantes de más prestigio del centro de la ciudad propiedad del incombustible Pepe Gómez. Ubicado en el número 12 de calle la Bolsa, su cocina es admirada por propios y extraños. Lamentablemente él no pudo estar para recibirnos pero sí lo hizo en su lugar un veterano profesional como es Juan Rodríguez, quien actúa como coordinador general del restaurante. Junto a él nos recibió el amigo y también veterano profesional, Alfredo –quien nos atendería durante la comida–, así como el jefe de sala Pablo Cioffi y el jefe de cocina, Frutos Jiménez. De los platos que nos prepararon hablamos más adelante. Toda una experiencia.

EL INVITADO

Rafael Illa Peche. Rafael Illa Peche.

Rafael Illa Peche. / Paco Menjivar

Como de quién les voy a hablar es de un viejo amigo –que no por la edad, por supuesto– permítanme que empiece por darles un parte de novedades. Me he encontrado a Rafael más sosegado –aunque él siempre lo fue. Es un hombre de llevar las procesiones siempre por dentro–, más sonriente y con muchas ganas de vivir su nueva etapa de la vida: sin prisas, pero sin pausa; con sosiego pero sin perderse nada importante. Este fue su primer comentario a mis observaciones: “Yo quiero ser longevo pero no eterno. Claro que quiero vivir más la vida, pero con un mínimo de calidad”. Así comenzó nuestro encuentro, con el Rafael más reflexivo de los últimos años. Y le pregunté por cómo llevaba su vida de jubilado. “Acabo de terminar una reunión para una colaboración con el cuerpo consular en un networking con embajadores. A veces hago alguna cosa pero ya estoy retirado totalmente. Te voy a confesar algo que no le he dicho a nadie: me retiré por lo que yo denomino un síndrome de agotamiento profesional. Han sido muchos años. Desde que me marché, solo he vuelto al Ayuntamiento en dos ocasiones: para la presentación de un libro sobre Pedro Aparicio y a la boda de un amigo. Esa etapa ya ha pasado”.

Imagino que después de tantos años de estar pendiente, al detalle, del protocolo de una ciudad tan activa como la nuestra debe resulta cuanto menos que agotador: “ Soy de los que piensa que no hay que arrepentirse de lo hecho, pero hay que mirar para adelante y vivir. La vida es maravillosa…Cuando tienes tiempo para poder vivirla. Puedo presumir de haber trabajado media vida para Málaga”. Después de haber sido responsable del protocolo con tres alcaldes, aunque sea en la misma ciudad, las experiencias habrán sido de todo tipo. Le pregunté por algún secreto inconfesable. “Conocía muchos secretos inconfesables [silencio] pero se me han olvidado [risas]”. La respuesta deja claro que la diplomacia sigue estando presente en su vida. Me interesé por la importancia del protocolo en la vida institucional y su relación con los alcaldes Aparicio y De la Torre y las alcaldesa Villalobos, con la que estuvo poco más de un año. “Con los alcaldes llegué a pasar tanto tiempo, a excepción de Celia Villalobos, que el lenguaje no verbal entre nosotros, llegó a ser más importante que el verbal. Es una especie de código no escrito. Al final acabas forjando una amistad, pero, ojo con esto, si eres un profesional, jamás pierdes la perspectiva. Para mí Pedro Aparicio siempre fue alcalde o Pedro Aparicio, nunca Pedro; Paco de la Torre y Celia Villalobos exactamente lo mismo. Y sin embargo es indispensable que exista una confianza mutua”.

¿Y siempre ha ido todo sobre ruedas con los distintos alcaldes? Insistí. “Siempre he intentado consensuar el protocolo, el que teníamos estaba obsoleto. Me acabé convirtiendo en el administrador de las vanidades ajenas. Un representante político, que es lo que es un alcalde, siempre se debe dejar aconsejar”. Pues queda claro que es importante esto del protocolo. “Por supuesto. Es muy importante. En una institución como es un ayuntamiento, alguien tiene que organizar el escenario y la propia puesta en escena. Mira, Málaga es una ciudad con una tradición muy arraigada, y el protocolo es muy importante. Las cofradías de Semana Santa, las peñas y colectivos asociados, todo ello requiere con mayor o menor intensidad de un protocolo, si no sería el caos”. Desde luego argumentos no le faltan a Rafael Illa para aclararnos la importancia de un cargo como el suyo durante tres décadas: jefe de protocolo del Ayuntamiento de nuestra ciudad, pero por encima de todo un servidor público.

LA COMIDA

Uno de los platos. Uno de los platos.

Uno de los platos.

Sin más preámbulos, y dado que la conversación no tenía pausa, mientras el amigo Alfredo descorchaba una botella de un fresco y aromático albariño Martín Codax, Juan Rodríguez nos obsequió con un plato de una magnifico jamón y queso de oveja –marca de la casa–, que nos supieron a gloria. Y no quise perder puntada de la interesante conversación con Rafael. Le dije que me consta que es una persona muy recordada, muy querida en Málaga. “La gente debería ser más indulgente en la vida. Toda mi vida he ostentado cargos de jefatura, en los distintos trabajos que he desarrollado, pero mis colaboradores siempre han sido mis compañeros. Quizás esa actitud tenga que ver.” La llegada de unas sabrosas quisquillas y unos boquerones al limón nos hicieron retomar la comida. Decidimos tomar un poco más de vino, muy bueno, de la selección de bodegas Lara. Pero siempre sin dejar de hablar.

Uno de los platos. Uno de los platos.

Uno de los platos.

“¿Sabes?, agradezco mucho el cariño real que mucha gente me ha brindado durante todos estos años, aunque debo decir que por desgracia me he vuelto invisible para muchos otros. Entiendo que es normal, pero resulta un tanto triste. Nunca, nadie va a encontrar un sentido a la vida fastidiando al prójimo”. Dicho queda.

Me consta que a Rafael igual no le gusta que refleje aquí estás últimas palabras suyas, pero en honor a la honestidad debo hacerlo. Le pregunté por un libro sobre protocolo que lleva años preparando. “Lo tengo parado. Estoy en una fase personal que denomino dudaismo [risas]. Es una palabra que no existe, pero que con la que básicamente quiero decir que ya dudo de muchas cosas. Prefiero dejarlo en la vía muerta”. Y de nuevo el amigo Alfredo nos descorchó una botella, esta vez de tinto de Ronda, El arquitecto, elaborado por bodegas Lara. Un vino que iba a maridar a la perfección con los platos que vinieron a continuación:

Calabacín relleno de arroz con tinta de sepia; fideos tostados con calamar y unas pochas con manitas que estaban extraordinarias. Todo ello de la mano del experto cocinero Javier Boat. Mi felicitación a todo el equipo de La Reserva 12, con Juan Rodríguez al frente. La veteranía siempre es un grado.

Uno de los platos. Uno de los platos.

Uno de los platos.

Le solicité un sueño por cumplir, y obtuve la respuesta del joven que aún habita en el cuerpo de Rafael: “Me quedan muchos sueños por cumplir. Un día de estos voy a empezar a cumplirlos”. Ahí queda el testimonio de un hombre que ya es historia viva de nuestra ciudad. Una persona que llevo sobre sus hombros la pesada carga de que las cosas siempre estuviesen bien hechas. Un hombre que vivió a la sombra de los protagonistas principales de la historia de Málaga. Sin dar un ruido. Hasta siempre Rafael y enhorabuena.

LOS VINOS

Blanco: Martín Codax

Un vino que hemos tomado en otras ocasiones. Un vino fresco, emergente, con equilibrio, como nuestro invitado. Sus notas frutales y su frescor nos hicieron disfrutar.

Tinto: El almirante

Este vino tinto, hecho en Ronda por Bodegas Lara, es el máximo exponente de los vinos Tres Generaciones. Un vino bien construido que nos trae recuerdos de frutos rojos y monte bajo. Toda una experiencia que maridamos en esta ocasión con platos de cuchara.

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