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Finalizan los 101 kilómetros de la Legión más duros

  • El intenso calor de la jornada del sábado hizo que el sufrimiento al llegar la noche fuese todavía mayor l Las emociones se desbordaron al llegar a meta los corredores

Hilera de luces de los participantes en los 101 kilómetros de la Legión. Hilera de luces de los participantes en los 101 kilómetros de la Legión.

Hilera de luces de los participantes en los 101 kilómetros de la Legión. / Javier Flores

Los 101 kilómetros de la Legión pusieron el broche final a una nueva edición en la que el intenso calor hizo que se convirtiesen en un auténtico calvario para los 8.500 corredores que el sábado habían tomado la salida desde el campo de fútbol de la ciudad del Tajo.

Un participantes de los 101 kilómetros de la Legión en bicicleta. Un participantes de los 101 kilómetros de la Legión en bicicleta.

Un participantes de los 101 kilómetros de la Legión en bicicleta. / Javier Flores

“He visto de todo, han sido muy duros”, comentaba Marta, una de las corredoras de bicicleta de montaña. Un comentario que era prácticamente generalizado, ya que fueron numerosos los corredores que tuvieron que ser atendidos por parte de los efectivos de la organización, que tuvo que redoblar los esfuerzos ante la alta demanda de asistencia.

Las imágenes de legionarios, familiares o personas que estaban en el recorrido ayudando a algún participante se repitieron durante las 24 horas que duró la prueba, aflorando así el auténtico espíritu cientounero.

Ejemplo de ello fueron los tres legionarios que decidieron acompañar a un participante invidente desde su base hasta la meta al comprobar que su acompañante se tenía que retirar, haciendo así viable que pudiese continuar la carrera y finalizarla.

Emociones desatadas en la llegada a la meta. Emociones desatadas en la llegada a la meta.

Emociones desatadas en la llegada a la meta. / Javier Flores

Ante tanta dureza, las emociones se desbordaron este domingo a las puertas de la Alameda del Tajo de Ronda, lugar en el que se encontraba la meta, al ver al alcance de sus manos un logro que, probablemente, horas antes veían casi imposible o que durante el recorrido pensaron en numerosas ocasiones que no podrían alcanzarlo.

Legionarios animan la marcha de uno de los participantes. Legionarios animan la marcha de uno de los participantes.

Legionarios animan la marcha de uno de los participantes. / Javier Flores

Eso sí, para hacer desaparecer esos temores en el recorrido encontraron legionarios entregados que no dudaron en convertirse en auténticos animadores, micrófono en mano, para tratar de insuflar un poco de apoyo a los participantes. Otros decidían cuadrarse como muestra de respeto por el esfuerzo, logrando también sacar una sonrisa tras completar una pronunciada subida.

Tampoco faltaron los vecinos de los pueblos por los que pasa la prueba, que no dudaron en montar puestos de avituallamiento particulares, zonas de música o tirar de manguera para refrescar a los corredores. Detalles que hacen que esta prueba sea única y diferente al resto.

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