Entre bambalinas

La ilusión frente a lo incierto

El Señor de la Sentencia, protagonista de Cristo Rey. El Señor de la Sentencia, protagonista de Cristo Rey.

El Señor de la Sentencia, protagonista de Cristo Rey. / Hermandad Sentencia

Cristo Rey hace hoy de frontera. Se acaba el año litúrgico y el domingo que viene comenzaremos el Adviento. Un nuevo tiempo de reflexión, otro alto en el camino en medio de una pandemia que, un año atrás, nos parecía imposible. Con la incógnita y la mirada puestas a finales de marzo desde que acabó el verano, nos adentramos en la recta final aún indecisos, sin las ideas claras.

En ese contexto, el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla publicó el pasado jueves un comunicado en el que anuncian un programa de actos especial para la próxima Cuaresma. Aún sin concretar, la propuesta contará con exposiciones, conferencias, mesas redondas, conciertos y actividades culturales con el cine y la literatura como protagonistas. Un valor añadido a los actos de las corporaciones en materia cultual. Con previsión han encontrado una de las claves que tanto se oye pero no se materializa: ilusionar con que algo se podrá celebrar.

Nuestra Semana Santa entró en una senda de anquilosamiento en los últimos años. Mientras se convertía en un espectáculo a merced de los poderes empresariales de la ciudad, las hermandades veían que ya no era tan fácil llenar los varales ni dejar los percheros vacíos de capirotes. Los bancos de los templos encontraban hueco en algunos cultos. Algo fallaba, y la primavera de este año tenía el reto de resarcirse de cuantas polémicas rodearon al cambio de recorrido oficial.

El análisis nos lleva a que, otra vez más, las hermandades deben reinventarse. Con la incógnita de la Semana Santa encima de la mesa, ¿por qué no ser también nosotros ambiciosos con la Cuaresma? Incluso con unas restricciones similares a las actuales, algunos de los actos previstos para el Centenario de la Agrupación de Cofradías pueden celebrarse. Los fines de semana siempre han sido los momentos propicios para comenzar a abrir las puertas: los hermanos tienen tiempo y ganas de verse de nuevo, aunque sea manteniendo las distancias y todas las medidas para evitar cualquier posible contagio. Incluso si tuviesen que realizarse a través de las pantallas, se puede generar una esperanza que mantenga con vida el espíritu de ser cofrade.

Las cofradías cuentan con una nueva oportunidad para la ilusión y la fidelización. Iniciativas como el proyecto Magone de María Auxiliadora, la marcha de la archicofradía de la Sangre o las felicitaciones navideñas del Amor y la Caridad demuestran que se puede hacer mucho por mantener viva la llama. Quizás no sea tan descabellado aprovechar una junta de gobierno monográfica para buscar posibles alternativas que pongan al hermano en su lugar y les brinden todo el apoyo que hasta ahora han dado. Llega el momento de tomar las riendas ya para no quedarnos, otra vez, sin margen de maniobra.

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