Entre bambalinas

La imposible respuesta del por qué

  • Jesús Cautivo, aunque no pueda reencontrarse con su pueblo en la absoluta libertad, sigue siendo refugio y tabla de salvación para sus devotos

La plaza de San Pablo, en su última Misa del Alba.

La plaza de San Pablo, en su última Misa del Alba. / J. L. P.

Escuchaba hace unos días el pasodoble que la comparsa Ciudad del Paraíso dedicó, de puño y letra de Miguel Gutiérrez, a Jesús Cautivo y no puedo negar que me emocioné por partida doble: el Carnaval se hace querer y se echa de menos, tanto como revivir imágenes en la mente al paso del Señor de Málaga “con su túnica indomable enredándose a los vientos”. Ese mismo vuelo blanco hecho girones con la conocida piel de ángel es el suspiro que conforta y consuela cada vez que pisa la ciudad.

Ya han pasado casi veinte meses desde que su silueta se proyectó por última vez en la plaza de San Pablo en la noche del Domingo de Resurrección, cuando volvió a su templo acompañado por la Virgen de la Trinidad. Desde entonces lleva Málaga esperando el reencuentro en libertad, ese que permite encontrarse con Jesús a cielo abierto. Su presencia, sin embargo, es inevitable entre los rincones medio confinados de la ciudad. Sigue habiendo comercios que editan sus calendarios de bolsillo con su imagen y se hace presente en azulejos puestos en la fachada de las casas. Es recurrente que, cuando se cuestiona a un conocido por a quién le reza, su nombre se ponga de los primeros en el altar devocional.

En medio de una pandemia que alerta ya sobre otra racha destructora antes de la esperada vacuna, Jesús Cautivo sigue tendiendo el cíngulo que ata sus manos para que sea cuerda de vida, como la que soporta el tropiezo de los escaladores mientras suben a la cima. Es el Cristo de todos los malagueños, incluso de quienes no creen en él o muestran su devoción a otras tallas porque da igual, todos le conocen. Es la imposibilidad en la respuesta cuando a alguien le preguntan por qué. Y ahora que se acerca la Nochebuena y toca hacer balance del año es obligada la visita a la recóndita capilla para que la suerte general mejore.

Esa elevada categoría de icono extendida más allá del horizonte de la provincia es la que hace pensar si debe asumir un poco más. El compromiso valiente de sus hermanos se manifiesta en cada acto porque su responsabilidad no es poca. Muchos fueron los proyectos con los que la actual junta de gobierno llegó y numerosos los retos conseguidos. Aún quedan, es indudable que una legislatura se queda corta cuando se trata de promover un cambio profundo y duradero. Su presencia en San Pablo quizás merezca otra ubicación. Pero los logros de estos últimos años son la mejor base para continuar trabajando sin descanso.

Junto a esta labor, es momento de reivindicar que Jesús Cautivo ha servido de refugio, compañía, aliento y tabla de salvación para quienes se encontraron de frente con el monstruo que asola nuestra humanidad. El mismo que visitaba cada mañana de Sábado de Pasión el Hospital Civil y se ponía frente a ancianos y enfermos para mirarles a los ojos ha seguido estando ahí. Lejos de las masas que veíamos de noche cruzando el Puente de la Aurora. En lo escondido, ahí siguió el Señor realizando sus milagros.

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