Entre bambalinas

Humanidad y falta de explicaciones

  • Casi a la vez que Fernando Simón le decía a Málaga que no pasaba de fase, el anuncio de la reapertura de San Pablo quedaba en suspenso

Nos seguiremos conformando con ver a las imágenes tras la pantalla. Nos seguiremos conformando con ver a las imágenes tras la pantalla.

Nos seguiremos conformando con ver a las imágenes tras la pantalla. / J. L. P.

2020 se está convirtiendo, sin que él lo pretendiese, en el año de las escenas que nunca se pudieron ver. Casi al límite se salvó el Vía Crucis oficial que comenzó la Cuaresma y, desde entonces, se han ausentado el Festival de Cine, los traslados, las procesiones de Semana Santa y los primeros compases de las hermandades de Gloria. Sin embargo, casi a la vez que Fernando Simón dejaba a Málaga en la fase cero unos días más, se anunciaba que la parroquia de San Pablo no abriría sus puertas. O el salón parroquial donde se encuentran las sagradas imágenes mientras siguen las necesarias obras del templo. Parece que la lógica imperó en una historia con resolución sencilla pero tintes rocambolescos.

Un salón parroquial en una segunda planta y donde tienen que convivir temporalmente tallas devocionales como Jesús Cautivo o la Virgen de la Salud (sin desmerecer al Santo Traslado), que a lo largo del año forman largas colas, no era el espacio más apropiado para acoger a visitantes en medio de una pandemia que no ha terminado. Un foco perfecto para que un virus imposible de ver al ojo humano encuentre un caldo de cultivo, sobre todo viendo que la distancia social y el uso de las mascarillas son para unos pocos tarados en esta ciudad bipolar. ¿Y la decisión de trasladar a las tallas de la hermandad del Lunes Santo a la parroquia de la Amargura? ¿Puede quedar en papel mojado y sin explicaciones la decisión de una hermandad? En tiempos difíciles se sigue echando en falta cierta transigencia y cierto sentido común en decisiones de la cúpula eclesiástica. Por suerte, en este caso, rectificadas a tiempo.

Emergencia humanitaria

En la Alameda de Capuchinos, que ayer añoró la presencia de la Divina Pastora por sus calles, la Fundación Corinto ha vuelto a ponerse en marcha gracias a la acción de los cofrades, tras tener que cerrar por el confinamiento. No sólo en la capital, sino en toda la provincia, la Iglesia se moviliza porque los recursos empiezan a escasear y no es para seguir dormidos: hace falta ayuda de manera urgente. La archicofradía de la Esperanza hizo una recogida de alimentos a cambio de mascarillas (que son para ponérselas en la nariz y la boca, por si aún hay despistados), las hermandades de Gloria hicieron una donación de productos infantiles, Columna y Viñeros unen fuerzas para colaborar, María Auxiliadora ha abierto una cuenta para colaborar con la Fundación Don Bosco… y un largo etcétera.

Hace mucha falta estar con quien lo necesita, y todas las hermandades, grupos parroquiales y sedes de Cáritas están abiertas a recibir donativos. Como siempre, toda ayuda es poca.

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