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Historias del Archivo

El Rocío de Málaga, de la noche a la mañana

  • Diez son los años que han pasado desde que la hermandad del Rocío abandonó definitivamente la última posición del Martes Santo para inaugurar la jornada victoriana por excelencia

  • Málaga suspira en un colorido Martes Santo

Las fotos del Rocío en el Martes Santo en Málaga Las fotos del Rocío en el Martes Santo en Málaga

Las fotos del Rocío en el Martes Santo en Málaga / LM Gómez Pozo

La presencia del número 10 en la cultura occidental es innegable. Las referencias abundan a lo largo de la historia. 10 fueron los mandamientos escritos en las tablas que bajó Moisés del monte Sinaí. El 10 era el número perfecto para los pitagóricos, fruto de la suma de los cuatro primeros números (1, 2, 3 y 4) relativos a los elementos de creación (agua, tierra, fuego y aire). Pero, alejando esta perspectiva de la historia numerológica, 10 son también los años que hacen falta para tomar conciencia del tiempo. Una década, que es un mundo.

En 10 años pueden cambiar tantas cosas que la sensación sea justo la contraria: que todo sigue igual. Quizá por asentamiento, quizá por pereza o quizá por simbiosis entre los recuerdos y la realidad. 10 son los años que han pasado desde que la hermandad del Rocío abandonó definitivamente la última posición del Martes Santo para inaugurar la jornada victoriana por excelencia.

Rocío Medina, hermana desde 1987, recuerda a la cofradía de noche, “a excepción de algunos años por sanciones”. En 2004 la hermandad permutó su posición con la Estrella, saliendo a las 17:15 y encerrándose a la 1:00. “Nos dimos cuenta de que el ambiente era mejor, más familiar… más acorde a lo que queríamos”.

La Estrella tuvo que vivir la situación contraria y al año siguiente cada una volvió a su posición. Rocío Medina afirma que en los años previos al cambio de posición, la hermandad pasaba momentos de apuro por Carretería: “desfilábamos muy tarde y pedíamos que la policía reforzara su presencia. Como nadie nos alternaba el sitio, nos fuimos a la primera”.

En 2010 se consumó el cambio. La hermandad sacó un cartel con la Virgen como protagonista en la que se leía en el pie de foto: “Rocío cambia su hora este Martes Santo”, y añadía el itinerario con la hora de salida, 15:30. De esto han pasado 10 años; de los encierro de antes, mucho más. En la propia configuración del Martes Santo reside parte de la clave: la gente aprovechaba el tirón que tenía el barrio de la Victoria para ir acompañando a las hermandades conforme iban llegando a sus casas de hermandad. De la Sentencia al Rescate y del Rescate al Rocío. El público iba subiendo al ritmo que le marcaba el itinerario.

Antonio Pino, hermano mayor entre 2004 y 2007, afirma que los tiempos no son los mismos y que la sociedad ha ido demandando cambios que se han ido cumpliendo. “No es lo mismo hablar de los encierros de los años 80 que los de ahora. El Miércoles Santo es día laborable y la hermandad se encerraba pasadas las 5 de la mañana”. La Victoria era un clamor: los letreros, los cohetes, las bombillas… La cantaora Gloria de Málaga desde el balcón de arriba del Samoa entonaba una saeta. “Todo eso decorado con una pancarta en la que se leía ‘Virgen del Rocío, Novia de Málaga”, rememora Rocío Medina.

Del primer año saliendo la primera, Antonio Pino recuerda que la plaza de los Monos estaba llena de niños que salían en la procesión: “Eran las 11:30 y el cortejo estaba prácticamente entero. Es algo importantísimo porque los niños son el futuro”. Estos cambios no dejan de ser fruto de la constancia de generaciones que han trabajado para formalizar lo improvisado, darle un carácter más explícito. Antonio Pino habla de que, en aquellos años, había un grupo de jóvenes “bastante críticos” con esas expresiones, hasta el extremo de “prohibir por orden de la junta” que se levantaran los tronos a pulso. “Por supuesto, era algo que no se cumplía. Pero lo que antes se hacía improvisado, ahora se hace bien”, concluye. Son los frutos de aquel esfuerzo.

La panadera que ofrecía un pan de "a kilo" a la que gritara más

Entre las muchas anécdotas que han quedado recogidas en las grabadoras, el ex hermano mayor se refiere a una muy especial. La mujer que trabajaba en la panadería Guzmán, en plena Lagunillas, era tan devota de la Virgen del Rocío que el Martes Santo por la noche ofrecía un pan de “a kilo” a la niña que gritara más fuerte los ¡guapa!

Carlos Ismael Álvarez, comisario de la hermandad entre 2011 y 2012, explica que en el pasado “había un prestigio un tanto extraño” en ser la última de la jornada. “Desde después de la Guerra Civil, las grandes invocaban su antigüedad para procesionar en último lugar. Esto llegó a ocasionar algunos pleitos entre cofradías”. Sin embargo, la realidad del presente no es igual que la de entonces. El Rocío no tenía nada que esconder: “Tenía unos tronos maravillosos, con unas túnicas preciosas y un conjunto para el Cristo y para la Virgen exquisito. No había necesidad de mantener el refrán de que por la noche todos los gatos son pardos”.

Una década después, los resultados avalan el cambio. El Rocío ha ganado en público, en conciliación, en horario. En horas de sol del Martes Santo.

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