Viernes Santo en Málaga Alfa y omega por el Amor

  • El silencio y el respeto vuelven a prevalecer en las visitas a los templos y capillas

  • Las hermandades del Viernes Santo derrochan buen gusto en sus altares de veneración

El Cristo del Amor

El Cristo del Amor

Y de nuevo, la pausa y la calma. Tras unos días de cierto barullo en las colas y en las propias iglesias y parroquias de Málaga, la jornada del Viernes Santo se vivió con cierta tranquilidad, aunque el ambiente no cesó en ningún instante. De camino al encuentro con las sagradas imágenes devocionales del día, se pudo escuchar aquello de: “Pues no ha llovido ni un día de la Semana Santa”. En efecto, así ha sido, y el tiempo respetó todos los días de la Semana Santa, de principio a fin.

Barrio de la Victoria

Con unas vistas privilegiadas, muchos optaron por comenzar un soleado Viernes Santo en la cima del barrio de la Victoria. El Monte Calvario cobró más significado que nunca, y en el interior de la ermita, exquisitez a raudales. Como si del mismo entierro de Nuestro Señor Jesucristo se tratara, las imágenes del grupo escultórico del Santísimo Cristo de la Paz y la Unidad rodearon a un cristo Yacente, y como punto de luz clara, Santa María del Monte Calvario, bella y singular.

Y en el lateral, se ubicó la Virgen orante de Fe y Consuelo junto a unos ramilletes de flores de talco. Un ambiente propicio para la reflexión y la contemplación de la belleza que atesora el Calvario. El brillo del sol deslumbraba en la subida a la ermita, y dentro de la misma, hasta que los ojos se acostumbraron a la penumbra para ir percibiendo todos los detalles, la mirada se fijó en los sagrados titulares, esos que son el inicio y el dulce final de toda esta historia.

Disposición del Santísimo Cristo de la Paz y la Unidad y Santa María del Monte Calvario. Disposición del Santísimo Cristo de la Paz y la Unidad y Santa María del Monte Calvario.

Disposición del Santísimo Cristo de la Paz y la Unidad y Santa María del Monte Calvario. / Hermandad del Monte Calvario. (Málaga)

En el barrio de la Victoria era un día grande. La patrona de Málaga parecía mirarse a Ella misma, ataviada de negro y a los pies de la cruz junto a su Hijo. La cofradía del Amor y la Caridad supo acercar las imágenes a sus fieles en la tarde en la que ese ‘Ubi Charitas’ debía resonar marcando el dulce y suave compás del Santísimo Cristo del Amor y María Santísima de la Caridad.

El crucificado y la Dolorosa estuvieron rodeados de telas rojas con un foco sobre sus siluetas, creando unas sombras apabullantes. Y tras los mismos, los símbolos que todo lo marcan, de nuevo ese alfa y omega, esta vez representados físicamente. Muy próxima se encontraba la Virgen de la Caridad, que exornada por flores rosas se alzaba como auténtica reina en el santuario. La dulzura es una constante en el la corporación del Amor.

La Virgen de la Caridad en el santuario de Santa María de la Victoria. La Virgen de la Caridad en el santuario de Santa María de la Victoria.

La Virgen de la Caridad en el santuario de Santa María de la Victoria. / José Miguel Ramírez (Málaga)

Viernes del Molinillo

Piedad por los Dolores de María en el Molinillo. Unas sábanas blancas volaban sobre las ventanas de los edificios de la calle Ollerías, como si del mismo Santo Sudario se trataran, indicando el camino hacia la parroquia de San Dámaso Papa. Allí aguardaba María, la que no necesita cambio de atavío ni coronas. La más pura humanidad de María brotó en el Viernes Santo más silencioso de todos los que se recuerdan.

La mano viva de la Madre que sujetaba la cabeza del cristo que dejaba caer su brazo despertó la curiosidad de unos pequeños que se acercaron a contemplar las imágenes. No se fijaron en las velas, ni en las flores, ni siquiera en la llamativa Paloma que descansa sobre la cruz. Se fijaron en sus manos, la viva alfa y la inerte omega.

Virgen de la Piedad en la parroquia de San Dámaso. Virgen de la Piedad en la parroquia de San Dámaso.

Virgen de la Piedad en la parroquia de San Dámaso. / Hermandad de la Piedad. (Málaga)

Virgen enlutada y sola. María Santísima de los Dolores estrenó un halo dorado que brilló junto a su corazón traspasado por el puñal. La parroquia de la Santa Cruz y San Felipe Neri pareció transformarse en la jornada del Viernes Santo, tras sus anteriores veneraciones, para dejar espacio a la venerada imagen de la Orden Tercera de Servitas.

Muchos comenzaron el Viernes de Dolores en este mismo punto de la ciudad para reencontrarse con unos Dolores enjoyada, ataviada con un manto bordado y una pequeña ráfaga. La sagrada imagen estuvo custodiada por decenas de velas que iluminaron el altar efímero y su divino rostro. Y una semana después, la Virgen, no presentó nada más que su corazón al descubierto.

La virgen de los Dolores de la orden de Servitas. La virgen de los Dolores de la orden de Servitas.

La virgen de los Dolores de la orden de Servitas. / José Miguel Ramírez (Málaga)

Centro histórico

Pero Cristo siempre permanece en la cruz en la iglesia de San Juan. Nuestra Señora de los Dolores se posó junto a la misma, y alumbrada por inmensas velas, estuvo presente en la Redención de Cristo. La archicofradía también levantó un altar en la capilla de la Virgen de los Dolores para adorar al Santísimo Sacramento del Altar.

La admiración era absoluta en San Juan, y es que el altar pudo contemplarse durante toda la Semana Santa, pero quizás con las prisas y las ganas por acudir a todos los eventos programados de cada día no permitieron la recreación de los fieles en ese majestuoso altar. Y bien merece una lectura aparte. Los hermanos de la archicofradía de los Dolores de San Juan pudieron congregarse en el acto penitencial de las 18:00 de la tarde.

Archicofradía de los Dolores de San Juan. Archicofradía de los Dolores de San Juan.

Archicofradía de los Dolores de San Juan. / José Miguel Ramírez (Málaga)

Un espacio tan reducido como la iglesia de Santa Ana del Císter obligó a que el aforo fuese muy reducido en todo momento. En la relativa calma del momento, se respiró paz frente al Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. Qué ironía. La hermandad acercó a su sagrado titular un Viernes Santo, y desde luego no es la estampa soñada para muchos que imaginaron ese enorme catafalco procesionando por el Duque de la Victoria, llegando a ver solamente los pies del Señor.

Pero Nuestro Padre Jesús del Santo Sepulcro estuvo, y siempre cuidado de la Virgen de la Soledad, que por el calor de abundantes velas sus lágrimas brillaron y destellaban a los que se acercaban en exceso. En ese mágico lugar se escuchaban los sones de la banda de música Nuestra Señora de la Paz, que interpretaba marchas procesionales para poner banda sonora a la misma muerte del Señor según Málaga.

Nuestro Padre Jesús del Santo Sepulcro en la iglesia de Santa Ana del Císter. Nuestro Padre Jesús del Santo Sepulcro en la iglesia de Santa Ana del Císter.

Nuestro Padre Jesús del Santo Sepulcro en la iglesia de Santa Ana del Císter. / José Miguel Ramírez (Málaga)

Composiciones luctuosas

La música también se sintió en los alrededores de la capilla del Hospital Noble. La banda de música Cruz del Humilladero entonó melodías dulces en un Viernes Santo en el que se representó el Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo como nunca antes. El grupo escultórico al completo ampararon al Señor que ya bajaba de la cruz. María Santísima de las Angustias lució excelsa con saya y mantos bordados. Como guiño a su 75 aniversario, lució un puñal que fue donado por las madres filipenses de Sevilla cuando la imagen llegó a Málaga.

Sagrado Descendimiento en la capilla del Hospital Noble. Sagrado Descendimiento en la capilla del Hospital Noble.

Sagrado Descendimiento en la capilla del Hospital Noble. / José Miguel Ramírez (Málaga)

Y el barrio de la Trinidad no iba a ser menos en una nueva jornada de la Semana Santa del corazón. Desde la terraza de la casa hermandad del Santo Traslado, los componentes de las bandas de cornetas y tambores y sinfónica de la cofradía del Cautivo rindieron honores al Santo Traslado y a la Virgen de la Soledad, la de San Pablo. Los titulares de la corporación trinitaria se presentaron en la iglesia de San Pablo. “Mira mamá, la Virgen”, comentó emocionado un pequeño señalando a Nuestra Señora de la Soledad. Y es que a pesar de estar más alejada que la representación del Santo Traslado, la Virgen, con su delicada ráfaga, llamaba poderosamente la atención sobre cualquier otro elemento.

Los sagrados titulares de la hermandad del Santo Traslado en la iglesia de San Pablo. Los sagrados titulares de la hermandad del Santo Traslado en la iglesia de San Pablo.

Los sagrados titulares de la hermandad del Santo Traslado en la iglesia de San Pablo. / José Miguel Ramírez (Málaga)

Todo lo que empieza, tarde o temprano, se acaba. Para el recuerdo quedarán esas colas para acceder al interior de los templos, para algunos esperadas, para otros impensable con la magnitud con la que se ha sucedido durante toda la semana. En cualquier caso, histórica. Ojalá todos aquellos que han acudido en masa a las parroquias, vuelvan a hacerlo antes de la próxima Semana Santa. Pero esto no acaba, aún queda lo más importante, porque lo que Málaga empieza con una sonrisa en San Agustín mirando al Señor de Nuestro Padre Jesús a su entrada en Jerusalén, finaliza con otra sonrisa aún mayor frente a Cristo Resucitado sobre su trono procesional y la Virgen Reina de los Cielos.

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