Historias del Nazareno

Viernes Santo con corazón Marista

  • En circunstancias normales el cansancio, la tristeza, la fatiga invadirían nuestros cuerpos en esta jornada

El Cristo del Amor.

El Cristo del Amor. / Javier Albiñana

EN circunstancias normales el cansancio, la tristeza, la fatiga invadirían nuestros cuerpos en un Viernes Santo. También la ilusión de cerrar una Semana Santa con un espíritu sobrio, de recogimiento, donde nuestras hermandades nos tienen acostumbrados a hacer de la cruz un símbolo de Hermandad.

Viernes Santo es día de callejear, de saber muy bien en qué punto de la ciudad y a qué hora hay que estar. Es un día de saber valorar nuestros barrios, de vivirlo en familia, con amigos. Saber conmemorar la muerte de nuestro señor Jesucristo desde los distintos pasajes bíblicos y entender muy bien que Málaga es cofrade.

Y Málaga es cofrade en su barrio de la Victoria, donde abre el día la cofradía del Monte Calvario, a ritmo sobrio de tambores se abren las puertas de nuestro Santuario donde el Santísimo Cristo de la Paz y de la Unidad en el Misterio de su Sagrada Mortaja ya descansa en paz ante los ojos de Santa María.

Cerca del ruedo, como si el mismísimo Antonio Ordoñez toreara con su capote, los cofrades del Descendimiento mecen muy despacito a nuestra Señora de las Angustias, el cortejo procesional ya desfila con la seriedad y buen hacer que le corresponde a esta Hermandad, donde tantos hemos aprendido como se reza debajo de un varal. San Marcelino Champagnat ya es testigo en la puerta de su colegio de los Hermanos Maristas, esperando con todo su claustro la llegada del Cristo del Amor, donde nosotros, los de corazón Marista estaremos allí presente, para un año más recordar nuestras queridas y añoradas tres violetas.

El Hermano Paco, El hermano Manuel, el Hermano Agapito, el Hermano Torcuato, el Hermano Pepe, el Hermano Florencio, son los Hermanos con los que yo he crecido, aquellos Hermanos que he visto incluso tocar los tres toques de campana en el Señor del Amor, al fin y al cabo, ejemplos de cristianos a los pies de la cruz. En la otra punta de Málaga, desde el Puente de la Aurora ya vemos como viene andando el Señor del Santo Traslado a los sones de las cornetas de Nuestro Padre Jesús Cautivo.

Tras una paradita en el puestecillo de la Tribuna de los Pobres, para aprovechar y comerte el último limón “cascaruo” y coger fuerza, seguimos andando hasta el barrio del Molinillo. Don Francisco Palma García nos había dejado el legado de Nuestra Señora de la Piedad. Un legado que cura tantos males a lo largo del año y que sirve de consuelo a tantas personas a través de la reja de su capilla. ¡Cuánto me haces falta Piedad! Ahora con suerte para nuestros pies algo ya cansados, nuestra siguiente cita estaba relativamente cerca.

El teatro Romano y su calle de Alcazabilla están repletos de malagueños que tratan de encontrar consuelo ante los pies de Nuestro Padre Jesús del Santo Sepulcro. Para cerrar nuestro viernes, todo acudimos. ¿Dónde estará? -Por allí se escucha algo. Es ella, son ellos. Servitas cada año nos da ejemplo de oración, de rezo. De saber encontrar el verdadero significado a una salida procesional.

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