Entre bambalinas

En los días de rezo y rosas

  • La fase uno nos permite volver a los templos a reencontrarnos con María, vestida de luto o de gloria, en medio de esta epidemia

La luz atraviesa el techo sobre María Auxiliadora. La luz atraviesa el techo sobre María Auxiliadora.

La luz atraviesa el techo sobre María Auxiliadora. / J. L. P.

No ha llegado aún la recta final de mayo y ya le pedimos que no se adelante al verano, que deje de correr con el calor de estos días. Y es que la ocasión lo merece. Aún estamos en el mes de la Virgen y la fase uno (que ya queda sólo la mitad: ánimo a los que lloran, pues serán consolados) nos permite volver a los templos a reencontrarnos con María. Desde el más riguroso luto al ajuar de gloria, contemplamos a la Virgen ya entregada de nuevo a recibir flores y oraciones, a esos días de rezo y rosas.

El santuario de María Auxiliadora ha acogido en estos días la novena en honor de la devoción salesiana con menos público de lo habitual –con un templo que se llenaba hasta el anfiteatro- pero con las misas agotando el aforo máximo. Es elogiable el cuidado y esmero que los hermanos de su archicofradía han puesto, desinfectando todas las superficies y manteniendo las puertas abiertas en dos direcciones: permitir que la gente se reencontrase con la “Virgen de los tiempos difíciles” y que la ventilación garantizase más tranquilidad en estos tiempos de pandemia. Hoy es su festividad y merece, quien pueda, una visita para pedir por los que se fueron y también por quienes vendrán.

A su vez, en las parroquias de la Trinidad y Santiago, las hermandades rocieras de Málaga dedicarán el tiempo de contemplación a sus Simpecados, una vez que en Almonte está dispuesta la Virgen para acercarse a un Pentecostés distinto. No habrá peregrinaciones, pero el Rocío se traslada este año a los hogares.

Desatar sus manos

Tras la imagen de Jesús Cautivo se esconden numerosas historias y su feliz traslado provisional a la parroquia de la Amargura es otra de ellas. Como bien dicen sus hermanos, por fin se podrá contemplar sentados en un banco, más allá de su festividad, a la imagen y a la Virgen de la Trinidad. Para ello, el templo abrirá a diario en horario de mañana y tarde, como informa mi compañero José Miguel Ramírez en su noticia.

A quien se echará en falta, pero se liberará de sus ataduras por unas semanas, será a Jesús del Rescate en su capilla de calle Agua. Gutiérrez Carrasquilla cuenta ya con la talla de Lastrucci en su taller para proceder a una restauración que era necesaria a nivel estructural y estético. Mientras, la misión de recoger las súplicas de sus hermanos será la Virgen de Gracia. Buena misión tendrá en estos meses la Dolorosa.

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