Semana Santa

Un paso de todos antes del broche

CUANDO se habla de todos se refiere a hombres y mujeres, entiéndase aquí el masculino genérico. Pues todos dieron el penúltimo paso antes de la esperada Resurección, todas las corporaciones que el pasado Viernes Santo salieron a las calles en estación de penitencia y el conjunto de los cofrades que participaron en ellas. Muchó se habló durante la pasada Cuaresma de las dos hermanas de Dolores de San Juan que deseaban volver a sacar sobre sus hombros el trono de la Virgen. Finalmente pudieron hacerlo y, llegado el momento, la polémica no tuvo mas consecuencias que el alboroto inicial y palabras de apoyo a las protagonistas por parte de sus compañeros del varal. Luego, anonimato y penitencia para todos igual, como días antes había ocurrido en tantos otros tronos de la Semana Santa malagueña, donde "no sobra nadie", según dijo un pregonero. Por ello, todos dieron ése penúltimo paso.

Ahora se saca la vara de medir y dentro del buen sabor de boca general, cabe matizar cosas. Pero subrayar que aquellas madrugadas del ya Sábado Santo llenas de espantás de nazarenos, que abandonaban los cortejos antes de que sus titulares lleguen al final del recorrido, parecen más parte del pasado que del presente. Poco a poco se corrige esta tendencia pues, afortunadamente, las cofradías del Viernes Santo han dado este año un paso hacia delante. ¿Vio alguien a la Soledad de San Pablo perfectamente formada por Carretería de camino a la Trinidad?

Sí, la Soledad de San Pablo regresó como salió, nada de cortes ni desorden en sus filas. Luego se le podrá achacar que aún no llevan cera en sus tronos, sino parafina, pero cabe recordar que hace unos años sólo llevaban focos eléctricos. Que la Piedad incorpore por fin hachones en su trono, es una noticia para estar de enhorabuena, ahora falta una vela de verdad, pero también llegará. Así lo dicta la lógica. Esta corporación, por otro motivo, fue noticia, pues se vio sorprendida por un grupo de gamberros que intentaron sabotear la procesión. Finalmente, cuatro personas fueron detenidas y no hubo daños que reseñar, como se informa en páginas interiores de este periódico.

Pero la noticia cofrade de la jornada fue ver las naves de San Juan llenas de nazarenos de rouán y la finalización del trono del Cristo Yacente de la Paz y la Unidad, una de las obras magnas que procesionan en Málaga. El proyecto cierra un ciclo en esta corporación victoriana, que prácticamente desde su reorganización en los años ochenta empezó a idear las andas que este Viernes Santo pudieron procesionar completamente terminadas. Su discurso iconográfico supone toda una catequesis en la calle. Otra novedad fue al Descendimiento nuevamente en el entorno del Rectorado de la Universidad.

la estampa

Si la Semana Santa son estampas y momentos, uno de ellos este año debe ser el regreso de las dos cofradías victorianas que el pasado Viernes Santo realizaron su estación de penitencia. Subía por la calle Victoria el Monte Calvario con su cortejo en perfecto estado de revista. Habían pasado muchas horas, pero sus penitentes mantenían la compostura e iluminaban el camino de sus titulares con cirios de verdad, no como se ven en otras corporaciones de regreso. El trono de la Dolorosa llegó tocado pero con dignidad. Mientras entraba el palio, llegaba a la calle Fernando El Católico el Amor. Su cruz guía pasó en silencio para no romper la magia del momento en el Santuario y siguió camino de su casa hermadad. Todo un gesto que nadie tiene en cuenta en el recorrido oficial.

La Cofradía del Amor ha encontrado su sitio camino de su barrio. Ha dado con las calles idóneas, pues busca entornos recogidos que sirvan para que el público acompañe a los titulares. El regreso por la calle Victoria era un camino demasiado largo y muy desangelado. Todo lo contrario que la bajada, dulce y gente. Ahora por entornos como Ramos Marín, Cruz Verde, Altozano, Puerto Parejo y Mitjana tienen otro aliciente. Además, hacen barrio y ofrecen una alternativa al cofrade, pues si el Monte Calvario baja por Lagunillas y sube la calle Victoria, el Amor hace lo contrario, todo casi a la misma hora.

El trono del Cristo del Amor, que iba más entero bajo los sones de la banda de música Las Flores, lució un monte silvestre con un manto de romero y completado con violetas, cardos y una azucena. La novedad fue un friso de rosas rojas, un exorno de moda este año, como ahora verán. La Virgen de la Caridad sí llegó más tocada. Su conjunto cada año luce mejor, pero debe buscar un acompañamiento musical acorde, la banda almeriense de la Asociación Cultural Daliense no debiera regresar si mantiene el nivel que ofreció este Viernes Santo, paupérrimo y con una decena de marchas en su repertorio. En el encierro participó el Orfeón Universitario de Málaga y se leyeron versos del libro de los Corintios dedicados al amor. Por supuesto, tampoco faltó el canto del Ubi Charitas.

esperado regreso

Las puertas de San Juan por fin se volvieron a abrir un Viernes Santo, aunque las campanas del templo en esta ocasión no doblaron cuando la hermandad se puso en la calle, algo que se echó en falta. Al parecer fue cosa de la informática. Pero la estampa de los nazarenos de rouán llenando calle San Juan, bien mereció la pena. Lucía engalanada y de regreso, el silencio sólo se rompio por las saetas que se cantaron al paso de los titulares. Si días atrás se decía que algún servita blanco se había visto dando cera, entre los nuevos nazarenos de los Dolores, en este caso ninguno de los últimos penitentes, alguno también lo hizo. Fue algo muy puntual, pero no siempre es fácil inculcar a todo un cortejo el carisma de una cofradía. En este caso parece que lo conoce hasta el público que la sigue. En silencio, claro.

Al final, la gente da lo que la cofradía pide. Véase el silencio que impone el catafalco del Sepulcro a su paso, aunque en este caso lo pide más el Señor que la propia corporación, o el caso de los Servitas. Las luces se apagan y estos nazarenos pasan rezando la Corona Dolorosa. Sólo se escucha ésto, pudiera pensarse que no hay nada más, pero nada más lejos, estamos ante una de las grandes esperadas del Viernes Santo. Los cirios con tres pabilos cada vez son menos, no así su esencia, que es la misma. Ya incorporó tulipas en el cajillo del trono, pero mantiene el foco alumbrando a la Virgen. En este caso la iluminación es un problema si sopla el viento, por ello puede entenderse, aunque el Viernes Santo puso el broche -con permiso de la jornada de Resurección- a una Semana Santa algo fría en Málaga, pero sin lluvia ni apenas viento.

¿y los romanos?

De regreso a la Trinidad, la Soledad de San Pablo ofreció una buena estampa. Como se ha dicho, ver a la corporación bien compactada y entera hasta el Pasillo de Santa Isabel dejó un buen sabor. Algo mermado se vio el escuadrón de romanos -sólo 11 efectivos-, cuya tendencia sigue a la baja y lo que es peor, no se atisba un resurgir. Más allá de la renovación que requieren sus uniformes, de poco sirve si no hay nadie que quiera llevarlos. Parece que no hay reclutas que se pongan en el pellejo de los que azotaron e insultaron a Jesús.

Este año, además, pudo ser el último para el grupo escultórico del Santo Traslado, que la cofradía quiere renovar: Nicodemo, José de Arimatea y el pastor Estéfanus, obra del escultor Pedro Moreira. La hermandad ha encargado un grupo nuevo de vestir a Israel Cornejo. También fue noticia el exorno floral, el trono del Señor lució su tradicional monte de lirios morados pero incorporó como novedad un friso de rosas rojas y espino. Ahora está de moda este exorno que el pasado año procesionó por primera vez el Cristo de la Agonía. La Soledad de San Pablo también mejoró en el plano musical, en la línea de lo que se ha percibido toda la semana. Ver a la Virgen en Carretería con Amarguras (Font de Anta) es una buena noticia.

el nazareno del sepulcro

Se preguntan con guasa en un foro cofrade si el nazareno del Santo Sepulcro "nace o se hace" y alguien responde: "se deshace". No tiene explicación, pero estamos ante uno de los cortejos objetivamente más mejorables de la Semana Santa de Málaga en cuanto al rigor de sus filas nazarenas. La procesión se pone en la calle seria pero desde que sale el recorrido oficial, parece que la estación de penitencia ha terminado para la mayoría de sus integrantes. Tanto es así que cuando la cruz guía llegó a la altura del Hospital Gálvez, toda la calle Duque de la Victoria estaba vacía, no de público sino de penitentes.

A pesar de todo, el Santo Sepulcro impone respeto. En la doble curva le cantaron a cada titular una saeta en forma de nana con micrófono y una guitarra. Por calle Císter sonó otra saeta al Sepulcro. De los tronos destacar el cuidado exorno del de la Dolorosa (y de Ella misma, vestida con gran personalidad), al que parece que sólo le queda abrir una calle central en su candelería. Pero ya se ha visto que el paso adelante es colectivo, ahora toca otro paso hasta la Resurección.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios